La alianza armamentística entre Rusia y Corea del Norte: qué busca Kim Jong-un

De acuerdo con medios estadounidenses, Kim Jong-un planea viajar este mes a Rusia para entregarle más armamento a Moscú para la guerra contra Ucrania

A mediados de septiembre de 2023, los diarios The New York Times y The Washington Post revelaron que Kim Jong-un planeaba viajar a Rusia para reunirse con Vladímir Putin. El encuentro no sería una visita diplomática convencional: su propósito era negociar una expansión significativa del suministro de armamento que Corea del Norte ya estaba enviando a Moscú para financiar la guerra en Ucrania.

Un viaje inusual: Kim Jong-un fuera de sus fronteras

Lo notable del plan era que Kim Jong-un rara vez abandona Corea del Norte. Su trayecto estaría diseñado para minimizar riesgos: viajaría en tren blindado desde Pionyang hasta Vladivostok, en el Lejano Oriente ruso, aprovechando la ruta corta del Pacífico. Ambos líderes se encontrarían durante el Foro Económico Oriental, programado para el 12 al 15 de septiembre en la Universidad Federal del Lejano Oriente.

Esta reunión representaba un giro estratégico en la relación bilateral. No era la primera colaboración entre ambas naciones, pero sí la más visible y de alto nivel desde la invasión rusa a Ucrania en febrero de 2022.

Qué pide Corea del Norte a cambio de armamento

Según fuentes estadounidenses citadas por The New York Times, las negociaciones involucraban un trueque sofisticado. Rusia buscaba que Corea del Norte proporcionara artillería, misiles antitanque y municiones en cantidades masivas para compensar el desgaste de sus reservas militares en Ucrania.

A cambio, Kim Jong-un pedía tecnología avanzada para la fabricación de satélites y submarinos de propulsión nuclear —un objetivo de largo plazo para el programa militar norcoreano. Además, Pionyang solicitaba ayuda alimentaria, un asunto crítico dado el aislamiento económico y las sanciones internacionales que sufre la península.

Esta estructura de negociación reflejaba las necesidades inmediatas de ambos regímenes: Rusia necesitaba municiones para sostener su campaña militar; Corea del Norte buscaba modernizar su arsenal y aliviar la crisis humanitaria interna.

El precedente: entregas anteriores de armamento

La cooperación militar entre Rusia y Corea del Norte no era nueva. Estados Unidos había advertido durante meses que Pionyang ya estaba enviando armas a Moscú. En diciembre de 2022, la Casa Blanca denunció públicamente que Corea del Norte había entregado cohetes y misiles de infantería al grupo de mercenarios Wagner, que jugó un papel crucial en la ofensiva rusa en el este de Ucrania.

Estas entregas anteriores confirmaban que ambas potencias ya operaban dentro de una lógica de cooperación militar. Lo que cambiaría con una reunión de Kim y Putin era la formalización y expansión de ese acuerdo, elevándolo a un nivel de compromiso político visible.

La vigilancia occidental: qué sabía Estados Unidos

La Casa Blanca no confirmó públicamente los reportes de The New York Times y The Washington Post, pero su portavoz Adrienne Watson reconoció que tenían conocimiento de las intenciones de Kim Jong-un. Según Watson, Estados Unidos sabía que el líder norcoreano deseaba que las conversaciones sobre venta de armas continuaran e incluyeran “un contacto diplomático a nivel de líderes en Rusia.”

Este reconocimiento reveló que la inteligencia estadounidense monitoreaba activamente los intercambios diplomáticos entre Moscú y Pionyang, incluyendo el intercambio de cartas entre ambos líderes que The Washington Post mencionó como evidencia de negociaciones en curso.

Por qué esta alianza preocupa a Occidente

La cooperación militar Rusia-Corea del Norte representaba un quiebre en el aislamiento internacional de Pionyang. Mientras el régimen de Kim Jong-un enfrentaba sanciones económicas severas, la alianza con Rusia ofrecía una salida: intercambiar armamento por tecnología y asistencia humanitaria, sin pasar por canales internacionales monitoreados.

Para Occidente, el peligro era doble. Por un lado, permitía a Rusia prolongar su guerra en Ucrania mediante un suministro constante de municiones. Por otro, fortalecía a Corea del Norte militarmente, especialmente en tecnología nuclear y de satélites, lo que amplificaba la amenaza regional para Corea del Sur y Japón.

La reunión planeada entre Kim y Putin simbolizaba el surgimiento de un eje autoritario alternativo, donde potencias aisladas o sancionadas encontraban en la cooperación mutua una estrategia de supervivencia geopolítica en un mundo cada vez más fragmentado.

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