La salud mental de Donald Trump preocupa ahora más que hace tres meses, según Henry David Abraham, psiquiatra y Premio Nobel de la Paz que en abril de 2025 firmó una carta abierta pidiendo su destitución vía la 25 Enmienda. En una entrevista reciente en SiriusXM, Abraham fue directo: el deterioro cognitivo del presidente y su acceso a armas nucleares lo convierten en un riesgo que el sistema institucional está tapando con secretismo.

La comparación que nadie en Washington quiere escuchar
Abraham lo puso en términos que cualquiera puede visualizar: “Si un piloto de aerolínea tuviera la mitad de los síntomas que tiene el presidente de Estados Unidos, no lo dejaríamos subir a un avión”. La lógica es simple y aplastante — a alguien con “marcado deterioro de la función cognitiva” y “juicio e impulsos gravemente afectados” no se le entregan los controles de un avión comercial. Al presidente de Estados Unidos se le entregan los códigos nucleares.
Esa carta, firmada por 36 médicos el 30 de abril de 2025 y registrada en el Registro del Congreso, no fue un ejercicio retórico. Fue un diagnóstico colectivo hecho público, algo que en la historia moderna de la presidencia de EEUU tiene muy pocos precedentes. Y Abraham, que compartió el Nobel de la Paz de 1985 junto a la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear, no es un comentarista de Twitter: lleva décadas estudiando el vínculo entre liderazgo político, salud mental y riesgo nuclear.

Tres meses después: ‘Si acaso, es peor’
Cuando el presentador Dean Obeidallah le preguntó esta semana si su valoración había cambiado desde que escribieron la carta, Abraham no dejó margen: “Sí, si acaso, es peor”. No hubo matices, no hubo diplomacia médica.
Lo que sí hay, según el psiquiatra, es un sistema diseñado para que nunca sepamos la verdad: “Tenemos un sistema que envuelve la salud del presidente en un manto de secretismo”. Eso significa que cualquier evaluación real del estado de Trump depende de filtraciones, observaciones externas o de que el propio presidente decida someterse a un escrutinio que históricamente ha rechazado. La 25 Enmienda existe exactamente para escenarios así — un ejecutivo incapacitado que no puede o no quiere reconocerlo — pero activarla requiere voluntad política que, por ahora, no existe en el gabinete.
