La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo acusó este martes a Estados Unidos de usar elogios públicos hacia el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, como táctica de injerencia para dividir su gabinete e influir en los procesos electorales de México. Lo dijo sin rodeos desde Palacio Nacional, en su conferencia matutina del 2 de septiembre de 2026, y nombró el mecanismo: hablar bien de uno, mal de otros, y esperar que la grieta se abra sola.
El elogio de la DEA que encendió la alerta
El detonador fue una conferencia internacional sobre drogas celebrada en Buenos Aires, donde el director de la DEA, Terrance Cole, describió a García Harfuch como un “socio de confianza” y “un buen amigo”. Las palabras sonaron cordiales. Para Sheinbaum, fueron una señal de algo distinto.

La presidenta explicó que estos elogios selectivos —hablar bien de un integrante del gabinete mientras se presiona o se revoca visados a otros funcionarios del oficialismo— forman parte de una estrategia deliberada para “generar divisiones al interior del gabinete de seguridad” y debilitar a los gobiernos que, en sus palabras, defienden su soberanía. “Piensan que por hablar bien de uno y mal de otros van a generar división, pero fracasan en eso porque hay mucha coordinación y mucho patriotismo”, afirmó. La relación entre México y la DEA en 2026
El contexto bilateral no ayuda a calmar las aguas: semanas antes de las declaraciones de Sheinbaum, Washington había revocado visados a varios gobernadores e integrantes del oficialismo mexicano, una presión que el gobierno federal ha rechazado sistemáticamente como intromisión ilegítima.
México se blindó: lo que ya cambió en la ley
La consejera jurídica de la Presidencia, Luisa María Alcalde, sumó otro elemento al argumento: las reformas aprobadas recientemente para blindar la soberanía electoral. Según Alcalde, ya está prohibida la transmisión de propaganda política de gobiernos extranjeros en radio y televisión, y se estableció la nulidad de elecciones en caso de comprobarse injerencia externa.

Sheinbaum remató con una lectura geopolítica directa: en Washington, dijo, “usan muchas veces a México como parte de su elección” pensando en los comicios de mitad de mandato de noviembre de 2026. Es decir, la presión bilateral no es solo sobre seguridad —es también parte del juego político interno de Estados Unidos. Una acusación que no es nueva, pero que pocas veces se pronuncia con esta claridad desde Los Pinos… perdón, desde Palacio.
