La abadía de Mont Saint Michel, uno de los lugares más famosos del mundo, cumple mil años tras haber superado importantes problemas ambientales y mientras se esfuerza por revertir el turismo masivo que pasa allí tan solo unas pocas horas.
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¿Dónde está Mont Saint Michel?
La espectacular abadía de Mont Saint-Michel fue construida sobre un islote rocoso a pocos metros de la costa de Normandía al noroeste de Francia en una bahía donde las mareas bajas permiten el acceso a pie.
El sitio religioso comenzó a construirse en 1023 y se convirtió en un importante lugar de peregrinaje al estar asociado con el arcángel Miguel. Sin embargo, el turismo masivo y la excesiva comercialización son una amenaza para la esencia del lugar. En 2022, este peñón de apenas siete hectáreas fue el séptimo lugar más visitado de Francia, con 2.9 millones de turistas y el primero fuera de la región París.
¿Cuál es el significado y origen de Mont Saint Michel?
El islote, llamado antiguamente Monte Tumba, tuvo una capilla desde 709, según la leyenda, por la aparición del arcángel San Miguel pidiendo su construcción y fue posteriormente convertida en pequeña iglesia.
En el año 1023, el duque Roberto II de Normandía ordenó a Hildebert, obispo de Avranches, construir un monasterio que, por su especial situación y a su vinculación a San Miguel, se convirtió en un importante centro de peregrinos procedentes de Francia e Inglaterra sobre todo, pero también como etapa para los que iban a Santiago de Compostela.
Los actuales problemas de Mont Saint Michel
La explosión del turismo en Mont Saint Michel comenzó muy pronto, con la construcción en 1879 de un dique con una carretera y un tranvía para franquear las aguas y las arenas, a veces movedizas y peligrosas, de las mareas bajas.
Sin embargo, el dique, al que se le añadió un gran estacionamiento, modificó la circulación del agua en la bahía, por lo que la arena y el fango comenzaron a acumularse de forma amenazadora en torno a la roca, que ya no era un islote.
Tras varios años de estudios y pruebas en maquetas, en 2005 comenzaron unas obras que duraron diez años para eliminar el dique y el estacionamiento, sustituidos por una plataforma peatonal sobre pilotes, bajo la cual pasa el agua y sobre la que también circulan autobuses lanzadera eléctricos.
“Para retirar el exceso de arena había que crear un efecto de corriente de agua. Esa es la razón por la que se diseñó y construyó la actual pasarela, que da resultados totalmente satisfactorios”, explicó Jean-François Le Grand, quien coordinó el proyecto desde su puesto de presidente del Departamento de La Mancha y senador regional.
Como resultado, “a día de hoy, el Monte vuelve varias veces al año a su estado de insularidad”. Eso ocurre con las “grandes mareas”, que pueden hacer subir el nivel del agua hasta quince metros.
Mont Saint Michel y el turismo masivo
En cuanto al turismo masivo, Le Grand apunta al problema de que menos de la mitad de los visitantes (1.2 millones de los casi 3 millones totales) llega al interior de la abadía y se conforman con recorrer las estrechas callejuelas y pasadizos de aire medieval, sin enfrentar la subida a la cima, a pesar de que se pierden vistas espectaculares y un monumento de primer nivel.
La eliminación del estacionamiento y la creación de los autobuses lanzadera “ha sido algo beneficioso”, añade Le Grand, aunque lamenta que prácticamente todos los habitantes oficiales del diminuto municipio, unas pocas decenas, viven del comercio y la restauración. “La vida del pueblo es esencialmente económica, porque los comerciantes viven del turismo. Lo esencial del Mont Saint Michel, que es un lugar religioso, se ha olvidado”.
“Queremos que el turismo de masas sea una cosa del pasado”, señala David Nicolas, alcalde de la vecina ciudad de Avranches, la más importante de la mancomunidad de municipios, formada por 95 localidades.
La gestión de Mont Saint-Michel es complicada, admite Nicolas, también presidente de la intercomunal, que se ocupa de cuestiones complejas como la traída de aguas y la evacuación y el tratamiento de las aguas residuales (todo ello a través de tuberías no visibles), o la mejora de los transportes públicos para reducir el uso del automóvil.
Nicolas, que es historiador, recuerda cómo antes llegaban oleadas de gente en autobuses al pie del monte, lo visitaban unas pocas horas y se marchaban. No obstante, en los últimos 20 años se ha recuperado la noción del turismo lento con una red de albergues rurales y rutas y caminos para caminar o ir en bicicleta. “Se busca más calidad que cantidad”.
Con información de EFE / Foto de portada: EFE
