Un crucero que partió desde Argentina regresó con un brote de hantavirus que ya dejó hasta el moemnto tres personas fallecidas. Las autoridades sanitarias de varios países rastrean a los pasajeros que estuvieron a bordo y desembarcaron en otros países, mientras la OMS emite advertencias sobre posibles nuevos casos.
Lo que convierte este brote de hantavirus en algo diferente a otros es la variante detectada: la cepa andina, una de las pocas cepas del virus capaz de transmitirse de persona a persona, no solo por contacto con roedores infectados. ¿Qué dice la Organización Mundial de la Salud?
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Qué pasó en el crucero y por qué la cepa andina de hantavirus cambia todo
El brote fue detectado en un crucero que recorrió Argentina, Uruguay y Chile. A bordo viajaban pasajeros de distintas nacionalidades, lo que explica por qué las autoridades sanitarias de varios países arrancaron el rastreo de contactos en cuanto se confirmaron los primeros casos y las primeras muertes.
El hantavirus, en condiciones normales, se transmite cuando una persona entra en contacto con roedores infectados o con sus excrementos. Pero la cepa andina, predominante en el sur de Sudamérica, tiene una característica que la hace distinta: en ciertas condiciones puede pasar de humano a humano, generalmente por vía respiratoria en contacto cercano y prolongado.
Eso es lo que encendió las alarmas en este caso: si el virus circuló dentro del barco entre pasajeros, el mapa de posibles contagios se complica exponencialmente.
La OMS confirmó que monitorea la situación de cerca y advirtió que podrían detectarse más casos vinculados al crucero en los próximos días. Al mismo tiempo, organismos como el CDC y los ministerios de salud de los países involucrados piden a quienes estuvieron a bordo que reporten cualquier síntoma: fiebre, dolores musculares, dificultad para respirar.

La OMS dijo que ‘no es el próximo COVID’, pero el patrón preocupa
La frase que los portavoces de la OMS repitieron desde el inicio fue clara: ‘no es el próximo COVID’. Y hay razones para creerles, pues el hantavirus no se replica con la misma velocidad que el SARS-CoV-2, la cepa andina tiene décadas de registro en Sudamérica y la mortalidad, aunque alta en casos graves, no tiene el perfil pandémico del coronavirus.
Pero el patrón que dejó el COVID tiene a todo el mundo con los nervios diferentes. Un virus con capacidad de contagio entre humanos detectado en un espacio cerrado como un crucero, con pasajeros que ya se dispersaron por distintos países, eso es exactamente el escenario que los epidemiólogos no quieren ver. No porque sea inevitable que escale, sino porque el margen de error es pequeño y el tiempo para rastrear contactos, corto.
Los síntomas del hantavirus en su fase inicial son inespecíficos: fiebre, fatiga, dolores musculares. En los casos graves aparece el síndrome pulmonar por hantavirus, donde los pulmones se llenan de líquido y la situación puede deteriorarse en horas. La tasa de mortalidad de la cepa andina en casos sin atención oportuna puede superar el 35%, según datos históricos del Ministerio de Salud de Argentina.
La buena noticia es que el hantavirus no tiene tratamiento antiviral específico, pero los casos detectados a tiempo y con soporte médico adecuado tienen mejores pronósticos. La clave está en no esperar, pues el período de incubación de la cepa andina puede ir de una a seis semanas, lo que significa que el rastreo de contactos sigue siendo urgente incluso varios días después de que el crucero tocó puerto.
Foto de portada: tomada de internet
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