La violencia contra las mujeres y niñas está lejos de parar, pues es una de las violaciones más generalizadas de los derechos humanos en todo el mundo y actualmente ha ido en aumento. A este tipo de actos se le conoce como violencia de género, que es específicamente actos dañinos dirigidos contra una persona o un grupo de personas en razón de su género.
A menudo, tanto mujeres como niñas nos vemos expuestas a situaciones de riesgo frente a múltiples formas de violencia, tanto físicas como psicológicas, en todo tipo de entornos, sobre todo en el familiar, donde se supone que podemos estar más protegidas, pero no es así. Al respecto la ONU señala que esto genera no solamente graves consecuencias físicas, sino también económicas y psicológicas en mujeres y niñas tanto a corto como a largo plazo, al impedirles participar plenamente y con igualdad, en la sociedad.
La magnitud de este impacto, tanto en la vida de las personas y familias como de la sociedad es inmensa. Por ejemplo, las condiciones que creó la pandemia –confinamientos, restricciones a la movilidad, mayor aislamiento, estrés e incertidumbre económica– han provocado un incremento alarmante de la violencia contra mujeres y niñas en el ámbito privado y han expuesto todavía más a las mujeres y las niñas a otras formas de violencia, desde el matrimonio infantil hasta el acoso sexual en línea.
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La violencia contra las mujeres y niñas también se da por parte del Estado
La violencia contra las mujeres y las niñas se define como todo acto de violencia basado en el género que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o mental para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como en la vida privada. La violencia contra las mujeres y niñas abarca, con carácter no limitativo, la violencia física, sexual y psicológica que se produce en el seno de la familia o de la comunidad, así como la perpetrada o tolerada por el Estado.
En ese último rubro, se encuentra el caso de las mujeres y niñas afganas, en donde sus derechos humanos han sido vulnerados durante décadas a nombre de la religión, pues no nada más tienen prohibido mostrar su cuerpo, si no que no tienen derecho a la educación, no pueden estar solas en casa y tampoco salir a las calles solas, un hombre debe estar a su cargo para vigilarla mientras realiza actividades simples como comprar alimentos. Lo peor, son vendidas para casarse con quienes sus familiares hombres elijan y en caso de sufrir cualquier tipo de abuso y denunciarlo, ellas son castigadas por hablar.
Y no nos vayamos muy lejos, en México los feminicidios han ido a la alza. La violencia de género en nuestro país es alarmante, pues diariamente 10 mujeres son víctimas de feminicidio, sin que las autoridades hagan algo eficaz por remediar la situación. En total 227 mujeres han sido víctimas de feminicidio en lo que va del 2023; el Estado de México es la entidad de mayor incidencia con 25 casos, le siguen Oaxaca y Veracruz.
A todo lo anterior, se le suman los casos no denunciados, el acoso en centros de trabajo, en las calles, en las escuelas, en el transporte público y los casos que las mismas autoridades no consideran violencia de género y se cataloga con otros delitos.
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Violencia de género, arraigada en la sociedad
Lo aquí expuesto es solo una pequeñísima parte de lo que ocurre con las mujeres y niñas al rededor del mundo, pues en algunos países de África, partes del Medio Oriente y Asia, se practica la mutilación genital en mujeres y principalmente en niñas y aunque en la actualidad se han echo esfuerzos por erradicarla por completo, aún se sigue practicando, violentando totalmente los derechos humanos de quienes son sometidas a esa barbarie.
El panorama se vislumbra desalentador, pues por más esfuerzos que se hagan por parte de organizaciones feministas en todo el mundo, las cifras de cualquier tipo de violencia de género en contra de mujeres y niñas sigue en aumento. Se trabaja por encontrar la igualdad y la equidad en todos los rubros, sin embargo, la violencia desde hace décadas se ha visto normalizada, por lo que ahora que más mujeres, conscientes del problema que se ha venido arrastrando por muchos años, intentan alzar la voz para poco a poco tratar de erradicarla, son descalificadas.
Se educa a las mujeres para que los hombres no sean violentos con ellas, para cuidarse ante cualquier tipo de violencia de género, cuando debería ser lo contrario. Este problema se debe atacar de manera conjunta y consciente, hombres y mujeres, en todos los rubros, para que poco a poco se nos de nuestro lugar simplemente por ser seres humanos, como todos, y no por la distinción de género.
La violencia contra mujeres y niñas sólo se erradicará cuando se tome verdadera consciencia del daño que provoca, cuando se sea empático ante una problemática tan grave que cada vez empeora en todo el mundo.

Con información de CNN, El Sol de Cuernavaca, Unwomen.org / Foto de portada: Germán Canseco, Proceso
