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A 62 años del voto femenino en México, ¿la democracia está libre de sexismo?



Hoy parece muy normal el hecho de que las mujeres asistan a las casillas cada vez que el Instituto Nacional Electoral convoca a elecciones para escoger presidentes, gobernadores, alcaldes y demás puestos de elección popular, sin embargo, no siempre fue así: el voto femenino se aprobó en México hasta el 17 de octubre de 1953 y la lucha por obtener este derecho fue bastante larga.

En 1910, con el auge revolucionario, surgió un grupo de mujeres que exigía su inclusión en la vida política mexicana. Se hacían llamar “Las Hijas de Cuauhtémoc” y estaban aliadas a Francisco I. Madero para protestar por el fraude electoral del que ese candidato a la presidencia había sido víctima.


Salvador Alvarado, gobernador de Yucatán en 1915, realizó el primer congreso feminista en el cual uno de los principales acuerdos fue luchar por otorgarles el derecho al voto ciudadano a las mujeres mexicanas, sin embargo, esta petición no tuvo mucho eco y la Constitución de 1917 no reconoció a las mujeres como ciudadanas y, por lo tanto, no les dio el derecho a votar.

Yucatán siguió en la lucha y el 18 de noviembre de 1922 fue electa como diputada del congreso local la primera mujer: Elvia Carrillo Puerto. Su estancia en el congreso local duró sólo dos años, ya que se vio obligada a renunciar debido a recibir múltiples amenazas de muerte por el hecho de ocupar un lugar “exclusivo para hombres”.

Posteriormente fue San Luis Potosí quien dio un paso al frente y en 1923, durante el gobierno de Aurelio Manrique, expidió un decreto en el que se les concedía a las mujeres del estado el derecho de votar y ser votadas en las elecciones municipales.

Esta decisión se dio gracias a la presión ejercida por la Sección Mexicana de la Liga Panamericana de Mujeres, pues ellas convocaron al Primer Congreso Nacional Feminista, realizado en la Ciudad de México del 20 al 23 de mayo del mismo año.

El tiempo transcurrió y fue hasta 1937 cuando el presidente en turno de México, Lázaro Cárdenas del Río, dio el primer paso para facilitar el derecho al voto femenino. Envió al Senado una propuesta de reforma al artículo 34 de la Constitución en donde se pretendía darle la figura de ciudadano a las mujeres.

La propuesta llegó a los estados y la gran mayoría aprobó este cambio, sin embargo, no terminaba de garantizar este derecho electoral.

El siguiente presidente en tomar cartas en el asunto fue Miguel Alemán Valdés, quien adicionó a la Constitución el artículo 115, donde se establecía que hombres y mujeres participarían en igualdad de condiciones en elecciones municipales, con el derecho a votar y ser votadas. Este artículo entró en vigor el 12 de febrero de 1947.

Finalmente en 1952 el candidato a la presidencia Adolfo Ruíz Cortines, prometió en un mitin de campaña ante 20 mil mujeres que, si llegaba a la presidencia, otorgaría la ciudadanía sin restricciones a las mujeres mexicanas.

Ruíz Cortines ganó las elecciones y cumplió su promesa: el 17 de octubre de 1953 se publicó en el Diario Oficial de la Federación el nuevo texto del Artículo 34 Constitucional: “son ciudadanos de la República los varones y las mujeres que, teniendo la calidad de mexicanos, reúnan, además, los siguientes requisitos: haber cumplido 18 años, siendo casados, o 21 si no lo son, y tener un modo honesto de vivir”.


Después del largo camino recorrido, finalmente el 3 de julio de 1955 las mujeres pudieron votar por primera vez y su sufragio se tomó en cuenta para elegir a los diputados federales de la XLIII Legislatura.

Aunque parezca un hecho lejano, actualmente la lucha de las mujeres por obtener igualdad de derechos en México continúa. Parece increíble que sea necesario promulgar leyes que exijan a entidades gubernamentales y privadas el contratar mujeres para que puedan trabajar en lo que ellas deseen; tener que separarlas en el transporte público para que no sufran el acoso de los hombres, y que en muchas empresas los salarios se sigan determinando por el género.

Es aún más increíble que su lucha, una batalla justa que no pide más que igualdad, sea minimizada y tachada con términos ofensivos y sin sentido como el de “feminazis”.

Hace 62 años lograron que su voto se tomara en cuenta. Constitucionalmente lograron ser reconocidas como ciudadanas completas, con derechos a votar y ser votadas, pero hoy, en pleno siglo XXI, la igualdad de género aparenta ser una utopía.

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