México se tiñó de verde. Cada julio, cuando la temporada de lluvias alcanza su pico, el territorio nacional cambia de forma radical: los pastizales del centro y norte —pardos y secos en febrero— se activan y el índice de vegetación sube de forma medible en imágenes satelitales. La temporada de lluvias 2026 ha mantenido ese patrón, pero con un asterisco: El Niño y la canícula de agosto podrían revertir ese verdor más rápido de lo esperado.
Bertha aportó agua al noreste, aunque no fue amenaza directa para México
La tormenta tropical Bertha —segunda tormenta con nombre de la temporada atlántica 2026, después de Arthur— se formó el 20 de julio en el Golfo de México y tocó tierra por segunda vez cerca de la frontera Texas-Luisiana el 24 de julio, con vientos sostenidos de 45 mph. El SMN fue claro desde el inicio: no representaba peligro directo para el territorio mexicano.
Lo que sí hizo Bertha fue reforzar el patrón lluvioso de julio. Sus desprendimientos nubosos, combinados con un canal de baja presión, impactaron directamente a Tamaulipas, Nuevo León y Coahuila con precipitaciones de hasta 150 milímetros, según datos del SMN. Nada catastrófico —en realidad, agua de temporada que el noreste necesitaba— pero suficiente para sostener el verdor que las imágenes satelitales comparativas de febrero vs. julio muestran de forma casi dramática. Como se ve en la comparación del tuit de abajo, el contraste entre las dos temporadas es visualmente contundente.
El verde de julio no garantiza un país con agua: la paradoja climática de 2026
El CONAGUA mide el verdor del territorio mediante el Índice Normalizado de Diferencia de la Vegetación (NDVI), que analiza imágenes satelitales para evaluar la salud de la vegetación. Lo que ese índice muestra en julio es real: las lluvias activan la capa superficial del suelo, donde viven plantas, insectos y microorganismos. Pero los expertos advierten que presas llenas y bosques verdes pueden coexistir con una sequía estructural que no se resuelve en una temporada.
El caso del Sistema Cutzamala ilustra bien la paradoja: en este momento ronda el 83% de su capacidad, uno de los niveles más altos en siete años. Sin embargo, la misma canícula que se aproxima —un periodo de aproximadamente 40 días con altas temperaturas y reducción de lluvias que ocurre entre mediados de julio y finales de agosto— puede secar esa capa superficial rápidamente sin tocar el almacenamiento de las presas.
Para 2026, el riesgo es mayor de lo habitual. El Niño 2026, que podría consolidarse entre mayo y julio según la UNAM y el SMN, tiende a reducir las lluvias en el norte y centro del país e intensificar la canícula. Chihuahua, Coahuila y Nuevo León son los estados con mayor exposición a una sequía severa en la segunda mitad del año. Investigadores de la UNAM señalan que al cierre de 2026-2027 México podría mantenerse sin sequía generalizada a nivel nacional, pero el escenario depende de cómo evolucione El Niño en las próximas semanas.
Un dato que ubica la escala de lo que está en juego: la temporada de lluvias 2025 fue la más lluviosa desde 1941, con un promedio mensual de 155.5 milímetros durante los meses más intensos, frente a los 99.8 mm de aquel año de referencia, según datos de CONAGUA analizados por la UNAM. Extrapolar ese récord a 2026 sería un error: El Niño introduce una variable que 2025 no tuvo con la misma intensidad. El Monzón Mexicano 2026 (junio-septiembre) sigue siendo la apuesta de alivio para presas y acuíferos del noroeste, pero no opera igual bajo condiciones de El Niño.
- Qué estados recibirán más lluvia con el Monzón Mexicano 2026
