Lo que parecía ser una reunión diplomática más entre dos poderosos líderes terminó con una escena digna de una peli de espionaje. Minutos después del esperado encuentro entre el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, y el presidente ruso Vladimir Putin, un reportero captó un comportamiento inusual de uno de los asistentes personales del líder norcoreano.
Un extraño ritual comenzó en la sala donde ocurrió la reunión. El asistente comenzó a limpiar minuciosamente la silla en la que se sentó Kim Jong Un: el respaldo, los brazos, la tapicería e incluso, la mesa y el vaso del que bebió. ¿Acaso querían borrar el ADN?
El video fue compartido por el periodista ruso Alexander Yunashev en su canal de Telegram, y no tardó en viralizarse. En las imágenes se observa cómo, con guantes y toallas especiales, el equipo de Kim Jong Un borra todo rastro físico de su presencia. El mensaje que acompañó la publicación fue contundente: “El personal acompañante destruyó cuidadosamente todos los rastros de la presencia de Kim”.

¿Por qué querían borrar todo rastro de Kim Jong Un?
Aunque sorprendente, mo es la primera vez que el hermético régimen norcoreano recurre a medidas de seguridad extremas. Kim Jong Un viaja constantemente con su propio inodoro portátil, presuntamente para evitar que se recolecte su ADN en baños públicos.
Según analistas internacionales, estas prácticas tienen una razón clara: impedir que servicios de inteligencia extranjeros analicen sus muestras genéticas, descubran información médica o incluso elaboren estrategias basadas en su salud.
El encuentro entre Kim Jong Un y Vladimir Putin se produjo en el marco de un creciente acercamiento estratégico entre Corea del Norte, Rusia y China, en un contexto global marcado por tensiones con Occidente, sanciones internacionales y conflictos armados. Sin embargo, la atención se desvió momentáneamente de lo político a lo personal, cuando la escena de la “limpieza total” se volvió viral en redes sociales.
¿Es esto una simple medida sanitaria post-pandemia? ¿Un acto simbólico? ¿O una muestra de paranoia que refleja el nivel de secretismo del régimen norcoreano? Lo cierto es que, tras su salida, no quedó ni una sola huella de Kim Jong Un en la sala y sin duda, ahí están las pruebas.

Foto de portada: tomada de internet
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