El tifón Champi golpeó Taiwán con vientos de hasta 176 kilómetros por hora y olas de 12 metros, dejando al menos 1 muerto —arrastrado por las olas en una playa—, más de 100 heridos y 55 mil hogares sin electricidad. Es uno de los tifones más intensos del año en la región, amplificado por el Fenómeno de El Niño, y su trayectoria ya apunta hacia China y Japón.
Los números del desastre en Taiwán
Antes de que Champi perdiera algo de intensidad al alejarse de la costa taiwanesa, el balance era contundente: 5 mil personas evacuadas, vuelos cancelados, actividades suspendidas y cortes masivos de energía en zonas costeras. Las imágenes de las playas con olas de 12 metros circularon rápido en redes y resumieron mejor que cualquier boletín oficial la magnitud del fenómeno. Las autoridades de Taiwán pidieron a la población mantenerse lejos de las costas y seguir las alertas en tiempo real, incluso después de que el ojo del tifón comenzó a desplazarse.
El muerto es la cifra más grave pero no la única: los más de 100 heridos reflejan que el oleaje y los vientos alcanzaron niveles que pocos tifones de los últimos años habían registrado en la isla. Los cortes de electricidad afectaron a 55 mil hogares, lo que en zonas costeras se traduce en hospitales operando con generadores, semáforos apagados y cadenas de frío interrumpidas.
El tifón no termina: China y Japón en alerta
Que Champi haya perdido algo de fuerza no significa que el peligro pasó. El tifón avanza ahora hacia el sur de China y Japón, países que ya reportan fuertes vientos y lluvias en sus zonas costeras. El patrón de El Niño, que elevó la temperatura superficial del mar en la región, es parte de lo que le dio a Champi su intensidad extrema, y esas condiciones siguen activas.
Para las autoridades de ambos países, la ventana para actuar es corta. Los protocolos de evacuación que Taiwán activó —y que lograron que el número de muertos se mantuviera en uno a pesar de la violencia del fenómeno— son la referencia inmediata para lo que viene. El tifón todavía puede intensificarse sobre el agua antes de tocar tierra de nuevo.
