En la madrugada del 28 de mayo de 2023, Rusia ejecutó su ataque más intenso con drones contra Kiev desde el comienzo de la invasión a gran escala en febrero de 2022. Según la Administración Militar de Kiev, fue el bombardeo con artefactos sin tripulación más masivo jamás registrado contra la capital ucraniana. Las primeras explosiones sonaron alrededor de las 01:00 horas locales, pero las oleadas de drones continuaron llegando desde múltiples direcciones durante toda la madrugada, manteniendo a la población en alerta constante.
Los números de un ataque histórico
Rusia lanzó un total de 54 drones kamikaze Shahed-136/131, artefactos de fabricación iraní que se han convertido en la firma de estos bombardeos aéreos. Las defensas antiaéreas ucranianas lograron derribar 52 de los 54 drones, una tasa de efectividad del 96 por ciento que subraya la sofisticación creciente del sistema de defensa del país.
Sin embargo, los dos drones que atravesaron las defensas causaron daños significativos. Al menos una persona murió en los ataques en Kiev, según reportes oficiales. En la cercana ciudad de Zhitomir, al norte del país, los impactos dañaron al menos 26 edificios residenciales, aunque no se registraron víctimas mortales en ese municipio.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, confirmó la magnitud del evento en tiempo real, informando sobre las sucesivas oleadas que llegaban desde diferentes sectores de la ciudad. La coordinación de múltiples puntos de lanzamiento refleja una estrategia deliberada de saturar las defensas antiaéreas mediante ataques simultáneos desde varias direcciones.
La respuesta de Zelenski y el debate sobre los F-16
El presidente Volodímir Zelenski respondió al ataque con un mensaje directo a los operadores de defensa antiaérea, bomberos y socorristas publicado en su canal de Telegram: “¡Ustedes son nuestros héroes!”. El reconocimiento presidencial subrayaba la importancia crítica de estas fuerzas en la protección de la población civil.
El portavoz de la Fuerza Aérea ucraniana, Yuri Ignat, aprovechó el momento para enfatizar una carencia estructural: aunque la defensa antiaérea mejora día a día, el país necesita más medios para alcanzar una efectividad del 100 por ciento. Ignat mencionó específicamente los cazas F-16 de cuarta generación como la pieza faltante en el arsenal defensivo ucraniano, aviones que Occidente ha estado considerando enviar pero que aún no llegan a territorio ucraniano.
Moscú rechaza la escalada y acusa a Occidente
La posible entrega de F-16 a Ucrania generó una respuesta inmediata de Moscú. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, calificó el suministro de estas aeronaves como una “escalada inaceptable” en declaraciones a la televisión estatal rusa. El comentario refleja la preocupación del Kremlin ante cualquier incremento en las capacidades ofensivas de Ucrania.
Lavrov fue más allá en su análisis geopolítico, argumentando que aunque “hay personas razonables en Occidente que entienden” los riesgos de una escalada, son Washington, Londres y sus aliados europeos quienes toman las decisiones finales. Según el funcionario ruso, estos actores buscan infligir una “derrota estratégica” a Rusia, una narrativa que Moscú ha utilizado repetidamente para justificar su estrategia de ataque continuo.
El mismo día del ataque contra Kiev, territorio ruso volvió a sufrir bombardeos, en un patrón de represalias recíprocas que caracteriza la fase actual del conflicto.
Contexto: los drones Shahed como arma de desgaste
Los ataques masivos con drones kamikaze se han convertido en la táctica preferida de Rusia durante los últimos meses de la guerra. A diferencia de los misiles de crucero, los Shahed son más económicos, más difíciles de detectar en algunos casos, y permiten a Rusia mantener una presión constante sobre las infraestructuras civiles y militares de Ucrania. Cada ataque masivo consume recursos defensivos de Kiev mientras expone vulnerabilidades en el sistema antiaéreo.
El hecho de que este fuera el ataque más grande desde febrero de 2022 sugiere una intensificación de la estrategia rusa en un momento en que el conflicto entra en una fase de desgaste prolongado. Para Ucrania, la capacidad de defender sus ciudades sin perder efectivos en la defensa antiaérea depende cada vez más de la tecnología occidental, un factor que ha puesto a la diplomacia ucraniana en el centro de las negociaciones internacionales.
