El Parlamento de Albania se llenó de humo este jueves cuando diputados de la oposición encendieron bengalas y lanzaron bombas de humo durante una sesión a la que asistía el primer ministro Edi Rama. También arrojaron objetos, incluidas botellas de agua, directamente contra él. La escena es la escalada más visible de una crisis que lleva meses en las calles de Tirana y que ya dejó más de 350 heridos, entre manifestantes y policías.
Qué pasó dentro del Parlamento albanés
La sesión era, en apariencia, ordinaria. Pero cuando Edi Rama y los legisladores de su Partido Socialista intentaron avanzar con la votación de una ley relacionada con el Banco Central, la oposición bloqueó el podio, golpeó escritorios y lanzó los primeros objetos. Después vinieron las bengalas y el humo.
Reunidos en el estrado, los diputados opositores sostuvieron fotografías de manifestantes presuntamente heridos por la policía y pancartas en apoyo a las protestas estudiantiles. El coro fue unánime: “¡Rama, renuncia!”. Belind Kellici, vicepresidente del principal partido opositor —el Partido Democrático— declaró a la AFP que Rama intentaba seguir con su agenda como si la crisis política en Europa no existiera “como si nada estuviera ocurriendo”, en lo que calificó de “intento deliberado de negar la profunda crisis del país”.
Meses de protestas estudiantiles y más de 350 heridos
La raíz del conflicto viene de más atrás. Desde mediados de octubre, estudiantes albaneses salieron a las calles exigiendo mayor apoyo a la educación y sumándose a los llamados a la renuncia de Rama, que llevan meses acumulándose. Con el tiempo, las movilizaciones escalaron: los manifestantes se enfrentan regularmente con la policía, han atacado edificios gubernamentales y el saldo ya supera las 350 personas heridas, entre ellas numerosos agentes. Decenas de manifestantes fueron detenidos.
El gobierno respondió llamando al diálogo y anunciando medidas para frenar la violencia, pero la oposición lee esos gestos como maniobras para ganar tiempo. Lo de este jueves en el Parlamento es, en ese contexto, el mensaje más ruidoso —literalmente— que la oposición ha podido mandar: si el gobierno ignora la calle, la calle entra al Parlamento.
