Hoy millones de mexicanos celebran los goles de Julián Quiñones con la Selección Mexicana en el Mundial 2026, pero detrás de cada anotación hay una historia que va mucho más allá del futbol. Antes de convertirse en una de las figuras del equipo nacional, el delantero creció en una familia que salió adelante gracias al esfuerzo diario de su madre y de su abuelita, quien sostenía el hogar con una pequeña tienda en su natal Magüí Payán, Colombia.
El propio Quiñones ha contado en varias ocasiones que nunca le faltó el apoyo de las mujeres que lo criaron. Mientras su abuelita atendía la tiendita para ayudar con los gastos de la familia, su madre trabajaba en actividades artesanales para llevar dinero a casa. Entre ambas hicieron todo lo posible para que el hoy futbolista pudiera concentrarse en estudiar, entrenar y mantenerse alejado de los problemas que enfrentaban muchos jóvenes de su comunidad.
Lejos de olvidar esos años, Quiñones siempre los recuerda con orgullo. Incluso ha dicho que su mamá “siempre ha estado conmigo” y que su abuelita “ha sido como mi padre”, una frase que resume el enorme papel que ambas tuvieron en su formación, no sólo como futbolista, sino también como persona.
Gracias al esfuerzo de dos de las mujeres más importantes de su vida, Quiñones cumplió su sueño
Con el paso de los años, aquel niño que soñaba con jugar al futbol dejó Colombia para construir una carrera en México. Después de destacar en la Liga MX y obtener la nacionalidad mexicana, llegó el momento que parecía imposible: vestir la camiseta de la selección mexicana en una Copa del Mundo y convertirse en uno de los hombres más importantes del ataque nacional.
Cada gol que celebra Quiñones también representa el esfuerzo silencioso de una familia que nunca dejó de creer en él. Detrás de los reflectores, los estadios llenos y los aplausos, permanece el recuerdo de aquella tiendita que ayudó a poner comida en la mesa y mantuvo vivo el sueño de un niño que quería cambiar su destino con un balón.
Hoy, mientras México sueña con hacer historia en el Mundial 2026, la historia de Julián Quiñones recuerda que los grandes triunfos casi siempre empiezan con pequeños sacrificios. En su caso, esos sacrificios tuvieron el rostro de su madre, de su abuela y de una modesta tiendita que terminó siendo el primer impulso hacia la Copa del Mundo.
Con información de Juan Futbol / Foto de portada: tomada de internet
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