Grindr, la app de citas más grande del mundo para la comunidad gay, bisexual, trans y queer, acordó pagar más de 35 millones de dólares para resolver una demanda colectiva en el Reino Unido. La acusación: la plataforma habría compartido el estado serológico de VIH de sus usuarios con empresas de publicidad, violando las leyes de privacidad y exponiendo uno de los datos personales más sensibles que una persona puede tener.

12 mil usuarios, dos años de litigio y un acuerdo que no admite culpa
El caso lo encabezó el bufete Austen Hays —cuya empresa matriz es Gateley— y representó a aproximadamente 12 mil personas en el Reino Unido. Si el reparto es equitativo, cada demandante recibiría alrededor de 3 mil dólares. Dos años de proceso legal terminan en un pago de 26 millones de libras esterlinas que cierra el litigio sin que Grindr reconozca formalmente ninguna de las acusaciones.
La postura oficial de Grindr es la de siempre en estos acuerdos: negar, pero pagar. En un comunicado, la compañía declaró que “reconoce y acepta la angustia y la pérdida de confianza expresadas por algunos de sus usuarios del Reino Unido con respecto a ese período anterior a 2020“. Es decir: lo que pasó antes de 2020 ya es historia, pero el cheque confirma que algo pasó. La app, fundada en 2009, tiene hoy cerca de 15 millones de usuarios activos en todo el mundo y es el punto de referencia global para encuentros dentro de la comunidad homosexual y queer.

Lo que hace especialmente grave este caso no es solo la filtración de datos —algo que ocurre con frecuencia preocupante en el ecosistema de apps— sino el tipo de dato que se filtró. El estado serológico de VIH no es un dato cualquiera: en muchos países y contextos sociales puede determinar el acceso al empleo, afectar relaciones personales y exponer a una persona a discriminación directa. Compartirlo con anunciantes, sin consentimiento explícito, es una violación que va mucho más allá de mostrar un anuncio relevante. Casos como las filtraciones de datos en apps de salud sexual muestran que este tipo de prácticas llevan años siendo documentadas, pero raramente llegan a un acuerdo de esta magnitud.
Gateley, por su parte, cerró con una declaración que no ahorra en lo dramático: “Agradecemos a nuestros clientes la confianza depositada en nosotros para este caso tan delicado.” Delicado es quedarse corto.
¿Qué saben las apps de citas sobre ti?
El caso Grindr-VIH es el recordatorio más concreto que existe de que las apps de citas no solo guardan tus fotos y tus mensajes. Guardan tu ubicación en tiempo real, tus preferencias sexuales, con quién te conectas, con qué frecuencia abres la app y —cuando tú mismo lo declaras— tu estado de salud. Toda esa información tiene valor comercial, y la pregunta que este litigio deja sobre la mesa es si los usuarios alguna vez fueron conscientes de hasta dónde llegaba ese intercambio de datos.
La regulación de privacidad en el Reino Unido y Europa (GDPR) es de las más estrictas del mundo, y aun así este caso tardó dos años en resolverse. En mercados con regulación más laxa, la misma práctica podría ocurrir sin consecuencias legales visibles.
