Surgen nuevas informaciones sobre el caso del tecladista de Camilo Séptimo, Jonathan Meléndez. La Fiscalía General de Justicia del Estado de México reveló el móvil del asesinato de Jonathan Meléndez, tecladista y cofundador de Camilo Séptimo: su socio de negocios, Diego Sebastián ‘N’, planeó el ataque para robarle una memoria digital con las claves de acceso a una fortuna de 30 millones de pesos en criptomonedas. El crimen ocurrió el martes 1 de julio en el fraccionamiento Grand Viure, Bosque Esmeralda, en Atizapán, Estado de México, y dejó cinco víctimas mortales, entre ellas la esposa del músico —embarazada de cuatro meses— y su hija de tres años.
Cómo fue el ataque: la trampa que tendió el socio
La reconstrucción oficial señala que Diego Sebastián ingresó al departamento del músico y sometió a la familia mientras Jonathan no estaba en casa. Desde adentro, el agresor obligó a los presentes a hacer una videollamada al tecladista para que regresara al inmueble y entregara el dispositivo con las claves de las criptomonedas. El músico de 38 años volvió sin saber que al cruzar la puerta encontraría a su familia ya sometida —y que él tampoco saldría con vida.
El único sobreviviente fue el hijo menor del músico. Su nana, que también estaba en el departamento, le ordenó que no saliera del cuarto durante el ataque. Cómo sobrevivió el hijo de Jonathan Meléndez Esa decisión le salvó la vida. Las víctimas confirmadas son el propio Jonathan, su esposa de 35 años con cuatro meses de embarazo, su hija de 3 años, una trabajadora del hogar de 21 años y el perro de la familia.
Dos detenidos y la ruta que los delató
Actualmente hay dos personas detenidas por el crimen, entre ellas el propio socio. Las cámaras de seguridad del fraccionamiento permitieron rastrear el vehículo que Diego Sebastián usó para huir tras el ataque, lo que llevó a su localización y captura. La Fiscalía del Edomex continúa reuniendo pruebas sobre la planeación del robo y si hubo más personas involucradas en la organización del crimen.
El caso expone una realidad que empieza a repetirse: las fortunas en criptomonedas —intangibles, descentralizadas, sin respaldo bancario— se han convertido en un blanco para este tipo de robos de alta violencia, donde el activo no está en una cuenta sino en un dispositivo físico que cabe en la palma de la mano. Quien tiene la memoria, tiene todo. Y quien la quiere, tiene razones para matar.
