Tres de cada cuatro personas que cuidan a niños, adultos mayores o personas con discapacidad en México son mujeres, y ese trabajo casi nunca se paga ni se contabiliza. El gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo acaba de mover ficha: lanzó el SIDECU, un mapa interactivo que georreferencia 104 mil 326 centros de cuidado públicos en todo el país, y etiquetó más de 468 mil millones de pesos en el Anexo Transversal 31 para distribuirlos en 47 programas de 27 instituciones federales orientados a la sociedad de cuidados.

Qué es el SIDECU y para qué sirve
El Sistema de Información de Cuidados (SIDECU) es una plataforma abierta, de acceso ciudadano, que ubica en un mapa cada centro de cuidado público del país: guarderías, estancias infantiles, casas de día para adultos mayores y centros de atención para personas con discapacidad. La idea es simple pero poderosa: que cualquier mujer en Oaxaca, Jalisco, Baja California o Nayarit pueda saber qué hay disponible cerca de su casa sin tener que llamar a una ventanilla.
La Secretaría de las Mujeres lo presenta como infraestructura, no como discurso. Y la diferencia importa: un mapa no cambia la división sexual del trabajo por sí solo, pero sí reduce el tiempo que una mujer pierde buscando opciones de cuidado, que es tiempo que podría usar para estudiar, trabajar o descansar.

Por qué el presupuesto histórico cambia la ecuación
Hasta hace no tanto, el cuidado era un tema que aparecía en documentos de política pública y desaparecía en el presupuesto. El Anexo Transversal 31 cambia eso: es la primera vez que México etiqueta de forma explícita más de 468 mil millones de pesos —distribuidos en 47 programas y 27 instituciones federales— para construir lo que el gobierno llama una sociedad de cuidados.
La senadora Malú Mícher, presidenta de la Comisión de Igualdad de Género, lo resume así: el movimiento feminista nunca quiso romper con el Estado, siempre quiso que las instituciones funcionaran con presupuesto y personal especializado. El Anexo 31 es la respuesta en pesos concretos. La académica Marta Lamas agrega el marco: el problema de fondo es la división sexual del trabajo, y aligerar la carga doméstica es lo que abre tiempo real para que las mujeres, campesinas, indígenas o trabajadoras de maquila, puedan hacer otra cosa con su vida.
El Anexo 13 también se modernizó en paralelo para asegurar que los recursos de igualdad de género lleguen directamente a la autonomía económica de las mujeres, no a partidas genéricas. Las Asambleas Regionales de Cuidados en cuatro estados recogen diagnósticos directos de las mujeres en territorio para que esos pesos no lleguen desconectados de la realidad.
