No podemos rasgarnos las ropas por la rapiña en Acapulco. No en medio del desastre, de la destrucción, de las vidas perdidas, de la tragedia absoluta por el huracán Otis.
Después de los reportes del daño causado por el ciclón, siguieron los testimonios de turistas, las primeras acciones del gobierno y finalmente las noticias sobre saqueos en tiendas.
No solo se están llevando víveres, también están robando teles, lavadoras y lo que se pueda.
A partir de entonces, desde la comodidad de sus hogares, con una conexión de internet estable y un teléfono con carga garantizada, usuarios en redes y algunos comunicadores se llenaron la boca condenando los robos a tiendas, lamentando el comportamiento de gente que lo perdió todo, condicionando la ayuda debido a la rapiña en Acapulco.
Para ser honesta, ni siquiera sé si es preciso llamarle rapiña o es más bien supervivencia básica.
A un estado como Guerrero, el segundo con más pobres con 66.4% de la población según Coneval, le están reprochando el robo de adornos navideños. ¿En serio?

No sé si FEMSA, Grupo Coppel, Walmart y otros consorcios del retail, algunos de los más acaudalados del país y del mundo, requieran nuestra empatía y compasión. No sé si es del lado del que debemos estar. De hecho no creo que se trate de eso.
Vaya, ni si quiera esas grandes empresas están haciendo el drama que personas y algunos medios de comunicación.
¿Cómo se debe actuar ante una situación así? Incluso tratar de imaginarlo parece superficial y sin sentido.
Se asombran y les parece ilógico ver a gente sacando mercancía de las tiendas, lo que sea que con suerte puedan vender en algún momento y les ayude a recuperar algo de lo mucho que perdieron o bien quedárselo o sobrevivir o lo que sea que esta pesadilla les permita decidir.
¿Por qué eso nos quiebra la cabeza y no los deficientes protocolos? ¿Y no el hambre que ya se vivía en el Estado? ¿Y no los vacíos informativos?
Se habla de pérdidas económicas en Guerrero que ascienden a los 15 mil millones de dólares y ni Presidencia se ha atrevido a ofrecer un cálculo aproximado de cuánto tomará la reconstrucción de Acapulco.
Otis fue devastador, es clarísimo. Entonces que no haya duda: es momento de ser empáticos, no moralinos.
