El 10 de abril de 2025, pocas horas antes de que su muerte fuera confirmada, Miguel ‘N’ —presunto feminicida serial de Iztacalco— realizó una llamada desde una caseta telefónica del Reclusorio Oriente. No fue una despedida. Fue un acto de humillación deliberada contra quienes ya estaban destrozados por sus crímenes.
Según reveló Erandali Trujillo, abogada de Cassandra —madre de María José, la última víctima identificada— la llamada fue dirigida a la hermana de una de las mujeres asesinadas. En la conversación, Miguel ‘N’ fue explícito: dijo que no se arrepentía de nada y que lo que había hecho le satisfacía profundamente.
Una llamada que expone fallas en el sistema penitenciario
Lo más inquietante no es solo el contenido de la llamada, sino cómo fue posible que ocurriera. Hasta ahora, las autoridades no han explicado cómo Miguel ‘N’ obtuvo el número telefónico de la hermana de su víctima, ni quién le permitió acceso a una línea desde dentro de la prisión. La caseta telefónica del Reclusorio Oriente debería estar bajo supervisión estricta, especialmente para un interno acusado de crímenes tan graves.
Esta brecha en la seguridad penitenciaria plantea preguntas incómodas: ¿Cuál es el protocolo de protección a víctimas y sus familias dentro del sistema carcelario? ¿Cómo un presunto asesino serial logró contactar directamente a una familia que ya había sufrido su violencia?
La abogada Trujillo subrayó que esta llamada constituye una violación adicional a los derechos de las víctimas y sus familias, un acto de crueldad que el sistema penitenciario no fue capaz de evitar.
Muerte sin justicia completa
El 13 de abril, Miguel ‘N’ fue encontrado inconsciente en su celda del Reclusorio Oriente. Según reportes oficiales, cayó de la litera de su cama, golpeándose la cabeza. Fue trasladado al Hospital General de Iztapalapa, donde fue declarado muerto por paro cardiorrespiratorio.
Su cuerpo permanece en la Semefo sin ser reclamado por ningún familiar, un detalle que subraya el aislamiento social del acusado.
Para las familias de las víctimas, la muerte de Miguel ‘N’ no representa justicia. No hubo juicio completo, no hubo condena pública, no hubo años de encarcelamiento que permitieran el cierre que muchos procesos judiciales ofrecen. La muerte llegó antes que la sentencia, dejando un vacío legal y emocional que persiste.
El legado del dolor sin resolución
Cassandra, madre de María José, y otras familias de las víctimas han expresado que esta muerte los deja con un sentimiento de injusticia irreparable. No es que lamentan la muerte de Miguel ‘N’—es que la muerte lo exime de enfrentar completamente las consecuencias de sus actos ante la ley y ante ellas.
La última llamada, la burla final desde la prisión, es un recordatorio de que incluso dentro del sistema carcelario, los perpetradores pueden seguir ejerciendo violencia sobre quienes ya han sido devastados. Y que el sistema, una vez más, no fue capaz de proteger a las víctimas ni siquiera en su ausencia.
