En abril de 2023, el presidente Andrés Manuel López Obrador tomó una decisión diplomática inusual: dirigirse directamente a China en el conflicto del fentanilo. Mientras legisladores republicanos estadounidenses presionaban a México para intensificar la guerra contra las drogas —incluso sugiriendo intervención militar—, AMLO optó por internacionalizar el problema, involucrando a Pekín en una estrategia que buscaba rebalancear la presión geopolítica sobre su gobierno.
El contexto: presión estadounidense y soberanía cuestionada
Semanas antes de la carta a Xi Jinping, iniciativas legislativas en Washington planteaban clasificar a los cárteles mexicanos como “organizaciones terroristas”. Esta clasificación abría la puerta legal a operaciones militares estadounidenses en territorio mexicano sin consentimiento formal del gobierno. Para López Obrador, esto representaba una violación directa de la soberanía nacional.
El fentanilo, un opioide sintético 50 a 100 veces más potente que la morfina, se había convertido en la droga que más muertes causaba en Estados Unidos. Según datos de agencias estadounidenses, más de 100,000 personas morían anualmente por sobredosis relacionadas con opioides sintéticos. La crisis era real, pero la solución propuesta por legisladores republicanos chocaba con los principios de política exterior mexicana.
La carta a Xi Jinping: redefining el problema
Durante su conferencia matutina del martes 4 de abril, AMLO presentó públicamente su respuesta: una carta formal al presidente chino. El mensaje contenía una argumentación clara: México no produce fentanilo. Las precursoras químicas provienen de Asia, particularmente de China e India. Por lo tanto, el combate real al tráfico requería cooperación con los gobiernos productores, no intervención militar en territorio mexicano.
“Lo que debe quedar claro es que nosotros no producimos fentanilo. Es una materia prima que se produce en Asia”, afirmó López Obrador, estableciendo el eje de su estrategia. La carta dirigida a Xi Jinping apelaba a una cooperación “de carácter fundamentalmente humanitario”, enmarcando el combate al narcotráfico como un asunto de salud pública global, no de seguridad militar bilateral.
En el documento, AMLO describía el fentanilo como una sustancia que causa “trastornos que llevan a la muerte” en “muy poco tiempo”, enfatizando su peligrosidad superior a heroína y morfina. La petición era directa: que el gobierno chino reforzara controles en la exportación de precursoras químicas utilizadas en la síntesis de fentanilo.
Una jugada geopolítica con límites reales
La estrategia de López Obrador tenía un doble propósito. Hacia adentro, respondía a legisladores estadounidenses con una propuesta alternativa que no comprometía la soberanía mexicana. Hacia afuera, posicionaba a México como actor responsable en la cadena global de drogas sintéticas, desplazando parte de la responsabilidad hacia los productores asiáticos de precursoras.
Sin embargo, la realidad era más compleja. Aunque China e India producían la mayoría de precursoras químicas, los cárteles mexicanos —particularmente el Cártel de Sinaloa— habían perfeccionado redes de abastecimiento y síntesis de fentanilo en laboratorios clandestinos dentro de México. La carta a Xi Jinping, aunque diplomáticamente inteligente, no resolvía el problema de la capacidad operativa que México había desarrollado en la cadena de distribución.
La respuesta de China a la iniciativa de AMLO fue tibia. Pekín reconoció el problema pero enfatizó que ya había implementado controles en la exportación de precursoras. La cooperación bilateral en este tema avanzó lentamente, sin los resultados espectaculares que López Obrador había sugerido en su conferencia matutina.
Soberanía versus presión externa: el dilema mexicano
Lo que quedó claro después de este episodio fue que López Obrador priorizaba la defensa de la soberanía nacional sobre la aceptación de presiones estadounidenses, incluso cuando el problema del fentanilo era genuinamente grave. Su apelación a China no fue solo una respuesta táctica, sino una afirmación de que México no aceptaría intervención militar extranjera bajo ningún argumento de seguridad.
Tres años después, el fentanilo sigue siendo la droga que más muertes causa en Estados Unidos, y México continúa siendo un punto crítico en su tráfico. Pero la carta a Xi Jinping quedó como un momento donde la diplomacia mexicana intentó redefinirllamadas internacionales, buscando soluciones que respetaran la soberanía nacional.
