En un Mundial lleno de figuras internacionales, goles espectaculares y estadios repletos, uno de los protagonistas más inesperados no juega futbol, no usa botines y ni siquiera es humano. Se llama Merlín, es un pato de dos años y en cuestión de días pasó de recorrer las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México a convertirse en una sensación viral que ya es considerada por muchos como la mascota no oficial del torneo.
La historia comenzó durante los festejos por la victoria de México sobre Sudáfrica en el partido inaugural del Mundial. Mientras miles de aficionados celebraban en las calles, las imágenes de un pato vestido con la camiseta de la Selección Mexicana comenzaron a circular en redes sociales. En cuestión de horas, millones de personas habían visto los videos de Merlín caminando entre los aficionados y posando para fotografías.
Sin embargo, para quienes frecuentan el Centro Histórico, Merlín no es ninguna novedad. Desde hace tiempo acompaña a su dueña, Carla Gómez, quien vende agua y refrescos en distintos puntos de la capital. Junto con su hijo Cristian, recorren lugares emblemáticos como la Alameda Central, Bellas Artes y el Zócalo, donde el pato se ha ganado el cariño de turistas y habitantes por igual.
Merlín se convirtió en la mascota no oficial del Mundial
La popularidad del ave creció tanto que representantes de la FIFA ya realizaron actividades promocionales con él, algo que pocos habrían imaginado cuando simplemente acompañaba a su familia durante sus jornadas de trabajo.
En el Mundial, donde las mascotas oficiales son Maple, Zayu y Clutch, representantes de Canadá, México y Estados Unidos, Merlín ha logrado algo que no se puede fabricar con campañas de marketing: conectar de forma espontánea con la gente.
Y además de alegrar a todos quienes tienen la fortuna de toparlo en las calles de CDMX, alegró la vida de Cristian, su dueño, pues su mamá, Ivett Gómez, contó que antes de Merlín tuvieron otra patita llamada Waffle, pero lamentablemente se las envenenaron y murió.
Ante esa pérdida, el hijo de Ivett se puso muy triste y se deprimió, pero poco después les regalaron a Merlín, a quien decidieron llamar así porque para ellos fue como magia que llegara a sus vidas, pues Cristian se puso muy contento al volver a tener un patito como mascota.
Al inicio, Ivett cuenta que tuvieron que entrenar a Merlín, pues les daba miedo que con el ruido de la gente y los coches se espantara y saliera corriendo, por lo que primero comenzaron a llevarlo con arnés, pero poco a poco se fue acostumbrando hasta que ahora, después de dos años, ya los sigue a todas partes. Además, lo cuidan mucho y siempre le llevan su comida especial y le cubren sus patitas, para que no se lastime mientras camina por las calles de CDMX.
La historia ha tenido tanto éxito porque en medio de la fiesta del Mundial, Merlín representa algo muy mexicano: la capacidad de encontrar y dar alegría en los lugares más inesperados. Y aunque no aparezca en los programas oficiales del torneo, para miles de aficionados ya es uno de los grandes símbolos de este Mundial.
Con información de Los Angeles Times / Foto de portada: tomada de internet
Únete a nuestro canal de WhatsApp de Cultura Colectiva y descubre lo último en moda, cine, deportes, tecnología y mucho más, da clic aquí
