La Fiscalía General de la República (FGR) investiga si el exembajador estadounidense Ken Salazar mintió al gobierno mexicano sobre el papel real de Washington en la detención de Ismael ‘El Mayo’ Zambada en julio de 2024. Si el FBI planeó la operación en suelo americano sin notificarle a México, la FGR ya tiene un nombre: viola la soberanía nacional de forma grave. El caso ya no es solo una disputa diplomática entre dos gobiernos — hay un funcionario específico, de alto perfil, bajo la lupa de la justicia mexicana.
“Estaríamos de cara a tres situaciones graves: una serie de violaciones al derecho mexicano e internacional, un pacto al margen de la ley, así como una mentira de un diplomático estadounidense, lo cual significa una transgresión al principio angular de la buena fe en las relaciones diplomáticas previsto en diversos tratados internacionales”, advirtió la fiscal general Ernestina Godoy en conferencia de prensa esta tarde.
Qué investiga exactamente la FGR
Todo gira en torno a lo que pasó el 25 de julio de 2024: El Mayo Zambada aterrizó en Nuevo Mexico a bordo de una aeronave privada junto a Joaquín Guzmán López, hijo del Chapo. La versión que Salazar sostuvo públicamente fue que la captura fue resultado de una cooperación bilateral y que México había sido informado. La versión de El Mayo — y lo que la FGR está comenzando a documentar — apunta a otra cosa: que Zambada fue engañado para subir al avión y que el operativo fue diseñado y ejecutado por agencias estadounidenses sin coordinación formal con el gobierno de México.

La fiscalía mexicana ahora quiere saber quién piloteó la aeronave, bajo qué instrucciones operaba y si hubo una cadena de mando que incluyera a Salazar. Eso convierte al exembajador en algo más que un mensajero diplomático incómodo: en un posible co-responsable de una violación grave a la soberanía, según la lectura legal de la FGR. Dicho de otra forma, la relación entre México y Estados Unidos en materia de seguridad lleva meses en una crisis que este caso puede escalar de forma irreversible.
Por qué esto es distinto a otras fricciones México-EE.UU.
México y Washington se han peleado por operativos antinarco antes — el caso más famoso sigue siendo Rápido y Furioso, el programa de la ATF que permitió el tráfico de armas hacia México entre 2006 y 2011. Pero en aquella ocasión nadie terminó señalando a un embajador por nombre.
Aquí la FGR nombra a Ken Salazar de forma explícita, pide información sobre el piloto y la aeronave, y usa el término ‘violaciones graves a la soberanía’. Es lenguaje jurídico, no retórico. Significa que hay una teoría del caso, no solo una queja diplomática. Si la investigación prospera, México estaría pidiendo cuentas a un exfuncionario del gobierno de Biden en un momento en que el gobierno de Trump ya está redefiniendo las reglas del juego bilateral — lo que vuelve el timing todavía más tenso.

El Mayo, por su parte, sigue detenido en EEUU a la espera de juicio. Su versión — que fue secuestrado y no capturado — es parte del expediente y es, irónicamente, uno de los pocos puntos en que el líder histórico del Cártel de Sinaloa y el gobierno mexicano coinciden en la narrativa.
