La Administración de Alimentos y Medicamentos de EEUU (FDA por sus siglas en inglés) emitió una rectificación oficial: la lechuga de México no fue la causa del brote de diarrea explosiva que generó alarma sanitaria en Estados Unidos durante julio de 2026. La agencia reconoció que sus propias pruebas de laboratorio arrojaron un falso positivo, lo que derivó en alertas, retiros del mercado y un golpe directo a productores mexicanos que no tenían nada que ver.
La controversia sigue, FDA insiste en mantener la mira sobre México
El caso arrancó cuando autoridades sanitarias de Estados Unidos detectaron un aumento inusual de casos de diarrea severa y los laboratorios de la FDA apuntaron a lechugas importadas de México como fuente probable de contaminación. El anuncio encendió alertas en supermercados, cadenas de restaurantes y distribuidores a lo largo del país. Las imágenes de lechugas retiradas de anaqueles circularon en medios y redes, y el término ‘diarrea explosiva’ se volvió trending.
El problema: el resultado positivo que señalaba a la lechuga mexicana era un error interno. La FDA confirmó que revisó sus protocolos y que la contaminación real tuvo otro origen, aún bajo investigación. Sin embargo la lechuga mexicana, en palabras de la propia agencia, no queda completamente descartada como vector del brote.
La lechuga iceberg troceada en instalaciones de Taylor Farms localizadas en territorio mexicano, siguen bajo observación de las autoridades sanitarias estadounidenses, pues indican que el ‘falso positivo’ no descarta por completo que este haya sido el origen de la enfermedad que se propagó a través de la franquicia Taco Bell, de Yum Brands, en Michigan y otros cuatro estados.
“La prueba concreta que dio positivo y que resultó ser un falso positivo se realizó con muestras recientes. Por lo tanto, no se trata del producto afectado, que entró en la cadena de suministro hace tres semanas”, argumentó el ex comisionado de la FDA Scott Gottlieb.

El costo del falso positivo para México
Que la FDA se retracte no borra el daño. Entre el anuncio de la alerta y la rectificación, productores y exportadores mexicanos enfrentaron cancelaciones de pedidos, devoluciones de mercancía y la presión de una narrativa internacional que los señalaba como responsables de un brote gastrointestinal. Las exportaciones de hortalizas de México a EEUU representan uno de los rubros agrícolas más importantes del intercambio bilateral, y episodios como este —aunque se corrijan— generan desconfianza que tarda meses en recuperarse. No es la primera vez que una alerta sanitaria estadounidense golpea a productores mexicanos antes de que los datos estén verificados. El patrón se repite: el titular de acusación llega a millones; la rectificación, a muchos menos.

Con información de La Jornada
