La Iglesia de San Hipólito, en la colonia Guerrero del Centro de CDMX, cerró sus puertas este 28 de octubre en plena fiesta de San Judas Tadeo: 200 mil personas intentaron entrar por una puerta de menos de 5 metros de ancho, provocando empujones, niños extraviados y la caída de una mujer embarazada que fue atendida de inmediato. La SSC desplegó 350 policías y personal de Protección Civil para contener una aglomeración que estuvo a punto de convertirse en tragedia.
Qué pasó en la Iglesia de San Hipólito este 28 de octubre
La jornada arrancó desde la madrugada, como ocurre cada año, pero fue en la tarde cuando la situación se salió de control. El flujo de peregrinos que llegaban a pagar mandas y agradecer favores al “santo de las causas imposibles” superó con creces cualquier previsión. Las autoridades del templo intentaron colocar un lazo para que los devotos entraran en bloques ordenados, pero la medida no funcionó ante el volumen de gente que empujaba desde atrás.
El resultado: familias separadas, varias personas en el suelo y una mujer embarazada caída que en estos momentos recibe atención médica. Personal de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil se encuentra en el lugar. Ante la imposibilidad de mantener el orden, la decisión fue cerrar las puertas de la iglesia para evitar lo que todos temían: una estampida. Algo similar a lo que ya pasó con otras aglomeraciones masivas en CDMX durante eventos religiosos o culturales de alto convocatoria.
Por qué San Judas Tadeo mueve a 200 mil personas cada año
La devoción a “San Juditas” no es nueva ni menor. El 28 de octubre es la fecha más importante del calendario para millones de fieles en México, especialmente en CDMX, donde la Iglesia de San Hipólito funciona como epicentro de una celebración que mezcla fe popular, mandas, tatuajes y una cultura de devoción que la Iglesia Católica oficial nunca terminó de sistematizar pero tampoco pudo ignorar.
La figura del apóstol Judas Tadeo, patrón de las causas difíciles e imposibles, convoca a personas que van desde familias de clase trabajadora hasta jóvenes con tatuajes en honor al santo, todos con una promesa que cumplir. 200 mil personas en un solo día en un templo del Centro Histórico no es un fenómeno espontáneo: es la acumulación de décadas de devoción popular que crece año tras año sin que la infraestructura del lugar crezca al mismo ritmo.
Esa brecha entre la fe masiva y la capacidad física de un recinto histórico —con una entrada principal de menos de 5 metros de ancho— es exactamente lo que estuvo a punto de cobrar una víctima grave hoy. Las autoridades ya anunciaron que las puertas permanecerán cerradas mientras no haya condiciones seguras de acceso.
