Hace exactamente un año, una explosión de pipa en el Puente de la Concordia, en Iztapalapa, mató a 32 personas y dejó a casi un centenar heridas. Este miércoles, sus familias volvieron al mismo lugar con flores y veladoras, convirtiendo la banqueta en un altar improvisado donde los nombres siguen importando.
Lo que pasó en el Puente de la Concordia
La explosión ocurrió hace un año en una de las zonas más transitadas de Iztapalapa. Una pipa cargada de gas perdió el control y detonó en el cruce del Puente de la Concordia, provocando un incendio que se extendió en segundos hacia viviendas, negocios y personas que en ese momento caminaban o circulaban por el lugar. El número final fue brutal: 32 muertos y alrededor de 100 heridos, muchos de ellos con quemaduras graves que cambiaron su vida para siempre.
El hecho sacudió a toda la Ciudad de México. Las imágenes del puente en llamas circularon durante días en redes sociales, y las historias de las víctimas —vendedores, vecinos, trabajadores en tránsito— empezaron a salir una por una. [DATO PENDIENTE: nombre o edad de al menos una víctima emblemática del hecho, para personalizar el relato]. El duelo colectivo no tardó en instalarse en la colonia.
El regreso de las familias: flores donde antes había fuego
Este martes por la mañana, el Puente de la Concordia volvió a llenarse, pero de otra forma. Familiares y amigos de las 32 víctimas llegaron con arreglos florales, veladoras encendidas y fotografías para armar un altar en el mismo punto donde ocurrió la tragedia. Es el tipo de ritual que las familias mexicanas conocen bien: regresar, nombrar a los muertos, no dejar que el olvido sea la última palabra.
La fecha importa. El aniversario no es solo un número en el calendario —es la oportunidad de que un hecho que vivió en los titulares durante días no se reduzca a una estadística. Muchas de las personas que perdieron a alguien en esa explosión todavía esperan respuestas sobre qué falló en el operativo de seguridad y si hubo negligencia en el mantenimiento o la ruta de la pipa.
Por ahora, lo que quedó en el Puente de la Concordia es eso: flores sobre el asfalto, veladoras que titilan al viento y familias que volvieron a pararse en el lugar más difícil del mundo para ellas, porque quedarse en casa sería demasiado parecido a olvidar.
