Corea del Sur obligado a cerrar su mercado de carne de perro más grande

Regina MendozaMartes, 28 de febrero de 2017 5:46

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Un hombre raquítico y amorfo camina hacia una jaula minúscula, de donde escapa una especie de chillido o bramido, un sonido animal tan tímido que apenas alcanza a distinguirse entre el sonido de los cuchillos que caen sobre una tabla que expulsa sangre como un manantial de muerte. Cuando abre la puerta extrae a tres caninos moribundos.

La piel de las criaturas es de ceniza, está marchita, una polilla que se deshoja. Sin ninguna piedad los toma de las patas y los arrastra hasta su matadero: Pequeños becerros en rastro. Antes de proceder a la masacre, el hombre lánguido tiene el temple de cortar un pedazo de pan a la mitad, que cruje de ranciedad, y lo arroja a otra jaula. Les da la oportunidad de tener un último festín antes de mandar sus carnes todavía calientes al mercado de perros más cercano.

En Corea del Sur, los mercados de carne de perro son tan frecuentes como un carro estático de productos oaxaqueños en el Estado de México. Un círculo vicioso bestial (granjas de perros-mercado de perros-cena de ciudadano común) que lleva al asadero a más de 2 millones y medio de perros al año.

En el margen de las Olimpiadas de Invierno 2018, que tendrán cede en la ciudad de la vorágine de producción de carne canina, el mercado de carne de perros más grande del país se vio obligado a cerrar sus puertas tras una oleada de críticas internacionales, que dejaron bajo escrutinio una tradición culinaria.

 

El mercado Moran, inmerso en Seongnman, al norte del país, es el líder en tamaño y ventas: Cada año despacha más de 80 mil perros y representa un tercio del consumo total de toda la nación. Los marchantes bloquean el paso de los transeúntes con carros de súper atiborrados de cuerpos y los caminos libres están flanqueados por refrigeradores que exhiben cuerpos como en aparador.

De acuerdo a los medios locales, desde ayer empezaron a retirar pedazos de tórax y jaulas improvisadas donde permanecían los animales antes de ser masacrados con alguna de las tres técnicas tradicionales (o las tres a la vez): electrocución, golpes o ahorcamiento. 

Organizaciones no gubernamentales que trabajan en defensa de los derechos animales iniciaron una campaña para cesar esas prácticas, aunque signifiquen una actividad económica importante para el país, bajo la premisa de "trato inhumano" y métodos animales (valga la redundancia) para su ejecución.

Varias piezas informativas han expuesto la incongruencia legal en la materia: Esa práctica se legaliza y se prohíbe constantemente y mientras leyes locales son permisivas, las leyes federales pretenden empatar con la presión internacional para cesar el trueque. Hasta la fecha sigue permitida la venta, aunque desde el año pasado se prohibió la masacre dentro de los mismos mercados y mucho menos bajo procedimientos "inhumanos". 

 

No obstante, la decisión de cerrar las puertas de Moran ha provocado críticas entre los comerciantes. Los 22 vendedores que ya habían accedido a cerrar sus puertas para la celebración de las Olimpiadas del próximo año ahora se oponen rotundamente a dejar su negocio fructífero.

Para The Hong Konk Herald, uno de los inconformes afirmó que el 80 por ciento de sus clientes los visita para buscar carne fresca. En general, todos se preguntan si el gobierno les pagará por lo que van a perder a pesar de que las autoridades de Seongnam afirmaron que los comerciantes recibirían ayuda financiera para abrir "nuevos negocios". 

De acuerdo a The Guardian, desde hace décadas los mercados se encargan de esquivar las leyes de higiene y de protección de animales además de escudarse en ideas absurdas como que el consumo de carne ayuda a la virilidad y combate la fatiga.

Y lo más perturbador de todo: A pesar de la prohibición, hoy en día los clientes pueden seleccionar al animal que deseen llevar a sus casas para asar o estofar y ahí mismo, frente a sus narices, será asesinado, cortado para su fácil traslado y empaquetado para que termine como platillo principal de un festín o en el menú de un restaurante que lo ofertará minimalista, acompañado de salsas exóticas.

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