El gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, presentó su plan para transformar la matriz eléctrica del país: 32 mil megawatts adicionales de capacidad instalada y una meta de 38 por ciento de generación renovable para 2030. La Secretaría de Energía Luz Elena González Escobar, lo enmarca como una estrategia de soberanía energética — menos dependencia del exterior, más control estatal sobre la producción. Las cifras son ambiciosas, pero el punto de partida revela cuánto terreno falta por recorrer.

“Tienen enormes virtudes. La Primera es aumentar la soberanía energética; el sol, el viento, la geotermia son energías disponibles qué garantizan soberanía, no necesitamos importar porque vamos a usar el sol, el viento, la geotermia, la biomasa”, argumentó la presidenta Sheinbaum.
“Y por otro lado, son energías limpias; no emiten gases de efecto invernadero ni tampoco emisiones contaminantes que dañan la salud. Entonces, estas grandes virtudes de las energías renovables, y que hoy además han disminuido su costo de inversión de manera muy importante por su uso a nivel mundial, para nosotros son indispensables para cambiar lo que se llama la ‘matriz energética”, concluyó.
Qué contempla el plan y de dónde saldrá la energía
El plan prevé incorporar 32 mil megawatts a la capacidad de generación nacional antes de que cierre la década. De ese total, una parte importante vendría de fuentes renovables — solar, eólica e hidroeléctrica —, aunque el documento también mantiene espacio para gas natural como fuente de transición. La meta del 38 por ciento de generación limpia implicaría más que duplicar la participación actual de las renovables en la mezcla eléctrica del país, donde hoy los combustibles fósiles siguen representando más del 60 por ciento de lo que se genera.
La CFE sería el eje central de ejecución, lo que confirma la dirección que el gobierno de Claudia Sheinbaum ha marcado desde el inicio: fortalecer a la empresa pública como operador dominante del sector, en lugar de abrir espacio a privados. Eso tiene implicaciones directas en los tiempos: los proyectos de CFE históricamente tardan más en materializarse que los del sector privado, y 2030 es una ventana de solo cuatro años. qué es la soberanía energética y por qué importa en México

Por qué la meta del 38% es más difícil de lo que parece
Pasar del porcentaje actual de renovables al 38 por ciento en cuatro años no es solo una cuestión de instalar paneles solares o aerogeneradores. Requiere inversión en infraestructura de transmisión, una red de distribución que soporte la intermitencia de sol y viento, y un marco regulatorio que no frene los proyectos en la burocracia. México tiene recursos naturales —irradiación solar en el norte, viento en el Istmo de Tehuantepec— pero la velocidad de desarrollo de proyectos renovables se frenó notablemente durante el sexenio anterior con los cambios regulatorios que desincentivaron la inversión privada.
El otro factor es la demanda. México ha visto crecer su consumo eléctrico sostenidamente, en parte por la llegada de manufactura industrial vinculada al nearshoring. Agregar 32 mil MW puede sonar enorme, pero si la demanda crece al ritmo proyectado, el margen de maniobra se reduce. El riesgo no es generar poco, sino no generar suficientemente rápido.

