La noche heroica del feminismo argentino: así se vivió el primer paso para legalizar el aborto

Cultura ColectivaJueves, 14 de junio de 2018 17:25

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Miles se concentraron frente al Congreso, velaron a la intemperie una noche helada y celebraron la media sanción de la Ley para despenalizar el aborto

Texto escrito por Juan José Relmucao — @juanrelmu


Cualquiera que recorra Buenos Aires en hora pico puede sentir cómo el ritmo obligatorio de la capital argentina se imprime en el cuerpo y la mente, cualquiera sea el sentido o medio del movimiento. Es la ciudad furiosa que acertó rebautizar Gustavo Cerati, el espacio de códigos filosos narrado por Carlos Gardel y Pablo Lescano, o el auditorio porteño en el que tronaron la voz de Eva Perón y los plomos de la policía durante el caos social de 2001. A partir de hoy, el mundo deberá agregarle a ese imaginario la impronta de cientos de miles de mujeres al mando de un proceso histórico para el país y el continente: la legalización del aborto, cuya ley recibió esta mañana media sanción del Congreso de la Nación.


El debate parlamentario que empezó el mediodía del miércoles y terminó en la mañana de hoy fue seguido por decenas de miles personas, en su gran mayoría mujeres, afuera del Congreso. No obstante, la marea feminista no se limitó al palacio legislativo e inundó escuelas secundarias y universidades públicas, que estuvieron bajo control estudiantil durante una histórica vigilia en apoyo al Derecho a decidir.



Entrada la noche, con el frío húmedo patente de las calles azules, la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) fue una de las sedes en las que cientos de estudiantes decidieron quedarse para apoyar la media sanción. En el lugar, uno de los establecimientos educativos más importantes de América Latina, preferido por jóvenes de toda la región por su nivel y gratuidad, se vivieron momentos como este:


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Al salir de Sociales el invierno caía desigual entre los barrios del sur porteño y a la luz azul de las patrullas detenidas bajo la Autopista 25 de Mayo, se podían distinguir persona a lo lejos. Juntas. O solas. Caminando. O esperando el bus. Paradas junto a una puerta. O yendo y viniendo de todas partes con un pañuelo verde en el cuello y hacia un sólo lugar: la plaza del Congreso.


Quien haya ganado la calle en un día histórico para su país entenderá algo difícil de transmitir: se siente algo intangible que inflama el aire, una especie de complicidad que nadie nunca estableció y todos practican. En las paradas de bus, en el saco verde del empleado de farmacia, en los transportes llenos a deshoras, en caminar y escuchar "votos", "¿a qué hora?", "estoy yendo", "¿cómo vamos?", como ecos de un mismo temblor que a todos mueve diferente.





Con la espada, la pluma y el pañuelo


Saliendo de UBA Sociales los ecos se amplificaban y tomaban fuerza de redoblante. A 30 calles y algunos ciclos lectivos de distancia, pero hombro a hombro en la causa, la escuela Carlos Pellegrini, emblema de la educación secundaria porteña, también continuaba una ocupación pacífica que duró toda la madrugada. Chicas y chicos se organizaron para seguir la votación en el edificio, que esa noche vio al siempre viril busto-mármol de Domingo Faustino Sarmiento con un pañuelo verde al cuello.


Natalia Mira, 17 años, vicepresidenta del Centro de Estudiantes, le explicó a Cultura Colectiva algunos ejes de la jornada. En "lenguaje inclusivo" que empiezan a imponer los jóvenes y que le valió una polémica con algunos presentadores jurásicos, la adolescente argumentó: "Nosotres entendemos que el aborto es una deuda de la democracia. Les chiques que estamos acá estamos influenciados, las reivindicaciones que el movimiento #NiUnaMenos viene impulsando desde 2015 y acompañamos desde nuestro lugar la conquista de Derechos para mujeres, lesbianas, travestis y trans".



"Llegamos a esta noche —profundizó Natalia— gracias a años de lucha de mujeres y nos sentimos parte de la Historia. Una historia que hoy nos enfrenta a personas que dicen defender la vida para oponerse al aborto, pero que no se inmutan cuando el gobierno se condiciona con el Fondo Monetario Internacional ni cuando la policía mata a pibes por la espalda. ¿Entonces cómo defienden la vida?".


En las últimas semanas, Natalia tuvo incontables actividades y se volvió viral cuando discutió con el presentador insignia del conservadurismo local. ¿Tiene tiempo para adolecer en medio del frenesí? Dice que sí y sonríe, como si no hubiera falta de sueño ni notificaciones infinitas: "Me relajo, pero sucede que no me gusta relajarme. Yo me doy máquina porque las ganas pueden más que el desgaste. Si los diputados no votan hay que batallar para que se vuelva a tratar. Y si la votan vamos a velar para que el Senado la confirme y sea ley".





Al abrigo de los pañuelos verdes


Ni cuatro grados celsius toda la noche ni una brisa helada que obligó a sacar frazadas no movieron de su sitio a las casi dos mil personas que siguieron por pantalla gigante las exposiciones: agrupaciones políticas, familias enteras, personas sueltas y grupos de amigos velaron, pernoctaron en carpas o incluso durmieron a la intemperie en lo que será recordado como una noche heroica para el feminismo argentino.



VIDEO VÍA TWITTER – Noche del debate



"Tengo 30 años de militancia y viví el primer encuentro de mujeres en el que empezamos a usar el pañuelo verde", recordó cerca de un gazebo y mate cocido caliente en mano, Elena Gutiérrez (63), referente de la Central de Trabajadores Argentinos de Mar del Plata que se movilizó junto a su sindicato a la plaza del Congreso. "Es increíble lo que fuimos construyendo hasta esta noche: ¡al principio llevábamos el pañuelo en la cartera!", rememoró la activista. Durante los últimos meses, los pañuelos verdes ganaron casi todo ámbito de la vida pública en Argentina, en una muestra de la enorme aprobación social que la militancia ganó para la ley. "En este momento —sintetizó Gutiérrez— pienso en todas las amigas que atravesaron la clandestinidad. Pienso en mi hija y en mi nieta. Pienso que hoy podemos hacer algo para que nunca más alguien tenga que pasar por eso".


Sentados alrededor de uno de los tantos fuegos callejeros improvisados para pelearle al frío, Florencia Roldán (24) y sus amigos se calentaban sobre el asfalto helado de la Avenida Rivadavia. "Tenemos la oportunidad de lograr más soberanía para las mujeres sobre sus cuerpos y esperemos que los diputados escuchen lo que la sociedad moviliza", señaló la joven. Mientras todavía trascendían más diputados en contra que a favor, ella resaltó: "El feminismo es un fenómeno imparable que, en lo personal, me empoderó como mujer nacida en la pobreza y que, en general, demuestra cómo se consiguen las cosas: con militancia, con organización y en las calles".




El grito sagrado


Con el sol empezando a subir, quienes se habían ido al caer la noche volvían para vivir un desenlace lleno de trascendidos, intrigas, rumores y una inimaginable esgrima política en la trastienda de la Cámara de Diputados. Con versiones que daban perdida la votación, empatada, ganada, perdida otra vez y empatada de nuevo, la gente nunca dejó de llegar. A las ocho, tres diputados por la provincia de La Pampa se pronunciaron a favor y minutos antes de las 10 el presidente de la Cámara llamó a votación.


El grito sagrado es la figura que el Himno Nacional Argentino utiliza para graficar la enunciación de la Independencia que en 1816 emancipó al país del imperio español. Significa libertad en la forma enunciativa que uno quiera o pueda. Correr por Buenos Aires junto a otras personas mientras el reloj del recinto acelera el fin de la votación y sentir ese grito que de golpe pone a volar a los pájaros sobre la cúpulas, a los drones sobre la muchedumbre, a las banderas sobre las cabezas y al desahogo sobre el alma habrá sido para quienes lo vivieron, una forma de atravesar esa libertad como quien atraviesa una vidriera de un salto y pasa de un espacio a otro con adrenalina y astillas por igual en el cuerpo.



VIDEO VÍA TWITTER [reacción]




Lo que sigue es una mezcla de abrazos y besos, de un llanto que vence los músculos, de una alegría que embandera el futuro, de redoblantes que graban ecos en la historia, de chicas y chicos corriendo para buscar una farmacia que les venda pastillas, de mujeres entrando a lugares de los que nunca volverán a salir, de salud arrancada por un filo clandestino, de manos que, por primera vez, un día de 2005, empiezan a cortar pañuelos, de manos que hoy los dejan tan alto que parecieran quedarse en el cielo para siempre.


Después del grito, Lourdes (28) se descargó: "La lucha feminista consiguió esto. Estoy feliz, estoy muy emocionada, sólo felicidad. Nos escucharon una vez después de tanto tiempo, tantos años. ¡No lo puedo creer! ¡En 2018 no podemos estar debatiendo esto! Libertad para las mujeres, para la decisión sobre su cuerpo. Hicimos la lucha y copamos la calle: el feminismo nos dio todo".


A unos metros, Silvia Juliá (69), pionera del reclamo por aborto legal veía cómo se concretaba un sueño elaborado durante décadas: "Esto se dio por muchísimos años de lucha. Presentamos el primer proyecto de ley en 2007 y fuimos creciendo hasta ser esta marea verde imparable. Hoy, las jóvenes alzaron la bandera, se apropiaron de la campaña y estuvimos todas juntas. Desde los años 80 que me involucro y estuve en la primera reunión de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, y pienso en las jóvenes que vienen con un impulso, búsqueda y ganas de trabajar y me emociona tanto como la votación. Ahora viene el Senado, hay que poner dos millones de personas en la calle. No un millón, ¡dos!".


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Después de un abrazo eterno, Luna (19) se limpió las lágrimas y resumió: "Empezamos a construir el futuro. Esto es empezar a construir el futuro. Y lo hicimos entre todas. Con todos nuestros aliados. Y buscando todas las maneras posibles en todos los lugares donde hizo falta. Va a ser ley".


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