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TECNOLOGÍA

Elysium, Tony Stark y la tecnología que salvará al mundo pero condenará al hombre a la desigualdad



La mayoría de las opiniones críticas coinciden en que el capitalismo y la explotación desmedida de los recursos del planeta que trae consigo serán los causantes de una catástrofe de proporciones globales: la frenética emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera que provoca el aumento de la temperatura de la Tierra a una velocidad insospechada, la contaminación de los cuerpos de agua, desde ríos utilizados como vertederos químicos hasta océanos donde los accidentes petroleros son comunes (o nucleares como Fukushima), pasando por actividades como el fracking o la proliferación de la basura del plástico, todo como resultado de la producción en masa de grandes industrias y la lógica de consumo como forma de alcanzar la felicidad.



En Elysium (2013), de Neill Blomkamp, la tecnología ha avanzado a tal grado que las enfermedades crónicas son cosa del pasado, las guerras no existen más y el bienestar colma en un satélite que orbita alrededor del planeta, llamado Elysium. En cuanto a la Tierra, ésta es condenada por el sistema a perecer entre basura, contaminación y explotación. El equilibrio ecológico termina por romperse entre ciudades grises llenas de basura (escenas que fueron grabadas en el Estado de México) y fábricas de obreros mal pagados, expuestos a la radiación y otros males. En este ambiente decadente se desarrolla una historia entre ciencia ficción y política, cuya trama predecible pero ágil cumple a la perfección con el ejemplo del sistema como principal destructor del planeta.

"La cinta muestra cómo el capitalismo acaba con los recursos naturales de nuestro planeta, pero encuentra una forma de generar un ambiente idéntico gracias a los avances tecnológicos".


Una vez que la Tierra muere poco a poco, la minoría que mantiene el poder económico y político huye a Elysium, donde llevan una vida con todos los lujos y comodidades que permite el desarrollo científico. La cinta muestra cómo el capitalismo acaba con los recursos naturales de nuestro planeta, pero encuentra una forma de generar un ambiente idéntico gracias a los avances tecnológicos. Esa premisa recorre las ideas de millones de individuos y pensadores críticos, que se dan cuenta de que no sólo la dignidad humana está subyugada a las ganancias, también el ambiente y todas las especies vivas de la Tierra están amenazadas por las industrias que producen sin importar nada más; sin embargo, la realidad parece estar a punto de escribir esa historia y demostrar a la teoría qué tan equivocada puede estar.



Elon Musk, conocido en los medios como el "Iron Man de la vida real", es el hombre al frente de algunas de las empresas más revolucionarias en tecnología y energía sustentable. SolarCity es la mayor proveedora de servicios de energía solar en Estados Unidos, mientras que Tesla Motors trabaja en el desarrollo de una línea de vehículos eléctricos y autónomos con la intención de expandir su producción hasta dominar el transporte terrestre. Entre los proyectos que reveló la segunda parte del plan maestro de Elon Musk, está la unificación de ambas empresas con el objetivo de mejorar el desarrollo de baterías más eficientes y trabajar de manera conjunta en prototipos de transporte público de gran capacidad. 

Al tiempo de los desarrollos de Musk, un sinfín de innovaciones tecnológicas se desarrollan en las mejores universidades del mundo, auspiciadas por grandes conglomerados industriales y think-tanks que invierten en la ciencia no con un fin social, sino con la firme intención de generar ganancias a partir de su venta como una amplia gama de productos, desde nuevas patentes en la investigación médica, como tratamientos, antibióticos o terapias contra las enfermedades crónicas, hasta mejoras en la producción de alimentos y energía sustentable.



Todos estos desarrollos prometen mejorar sustancialmente las condiciones de la vida del hombre, aprovechar los recursos naturales y coexistir con el sistema vivo y en equilibrio que es la Tierra. Para lograrlo, tienen frente a sí un muro levantado por el sinfín de industrias dominantes como la minería, la petrolífera y del gas que defenderán su negocio a como dé lugar, oponiéndose férreamente a la sucesión tecnológica y el reemplazo de los procesos energéticos actuales por otros más limpios. A pesar de que el enfrentamiento entre intereses distintos será cruento, las empresas a la vanguardia en sustentabilidad tienen todas las posibilidades de hacerse con el mercado de la energía y desplazar a los gigantes de la contaminación y destrucción del planeta, tanto por la presión de la opinión pública como por la fuerza de compañías respaldadas por una fuerte inversión y sobre todo, por la promesa de "salvar al mundo" con la tecnología.

"A pesar de la frenética explotación y del consumo a gran escala que distinguen a este sistema económico, la revolución tecnológica que se avecina parece dar en el blanco con la visión de un escenario fatalista provocado por la producción capitalista".


Hasta este punto, el panorama a largo plazo luce idílico y optimista para un mundo que actualmente está al borde de una catástrofe ambiental de proporciones inimaginables. A pesar de la frenética explotación y del consumo a gran escala que distinguen a este sistema económico, la revolución tecnológica que se avecina parece dar al traste con la visión de un escenario fatalista provocado por la producción capitalista. El mundo no asistirá a su destrucción en el próximo siglo como afirman los más críticos; un escenario mucho más complejo parece tomar el sitio que corresponde al vaticinio del modo de producción actual como evento de extinción.



El progreso técnico se hará la norma en los centros de desarrollo mundiales y la tecnología limpia llegará a casas y empresas verdes. Energía solar, mejoras en la salud, transporte organizado, eléctrico, seguro y sustentable, todo será parte de la modernización del mundo desarrollado, que experimentará otra ola de bienestar, tal como ocurrió a inicios del siglo XX antes de la Gran Depresión; sin embargo, la ciencia en el capitalismo no está al servicio de la humanidad, mucho menos de la igualdad y el bienestar social, sino de quienes la desarrollan e invierten fuertes sumas en investigación para recibir la retribución personal de su "esfuerzo" en términos monetarios.  

 La cara opuesta de la moneda del desarrollo hará sentir sus efectos a través de la aceleración de todos los "males necesarios del pasado": los motores de combustión interna, el fracking, la minería, la energía nuclear y otras industrias contaminantes crecerán más que nunca en las periferias subdesarrolladas. Los países más alejados de la innovación serán el próximo "nicho de mercado", un destino ideal para las empresas que actualmente controlan la energía, que serán desplazadas en el primer mundo por la energía limpia. 




No hace falta viajar a Elysium y fundar una colonia con lo mejor de la tecnología disponible, estableciendo una barrera física insuperable para recrudecer las condiciones del sistema, sólo es necesario el control de la ciencia y el progreso técnico con fines privados para crear un rasero entre "humanos de primera", que encontraron la fórmula para resolver la devastación del mundo y mantener altos estándares de vida –por un lado– y el resto de los habitantes por el otro, que sufrirán las consecuencias de la destrucción de su hábitat a costa de los primeros. El siguiente paso, después de que la élite termine con el planeta, será Elysium.  


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Si quieres saber más sobre las implicaciones del desarrollo tecnológico en el futuro, los riesgos y retos que tiene la sociedad por delante, lee el plan macabro detrás de la idea de Elon Musk para colonizar Marte. ¿Cuáles son las amenazas reales que podría enfrentar la humanidad en los próximos cien años? Descubre las teorías acerca del futuro que nadie había pensado y te volverán paranoico.








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Etiquetas:ciencia
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