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QATAR

Memo me hace confiar en que sí se puede…

Hoy, Ochoa confirmó que No Memo, No Party; hizo que mi corazón latiera a mil y que, una vez más, confiara en que se puede...

Texto: Triny Rodríguez.

Comienza a sonar el Himno Nacional y es increíble como mi corazoncito mexicano empieza a palpitar. En el momento no hay palabras que expresen la emoción que siente mi cuerpo al ver en pantalla a nuestros jugadores entonándolo.

El orgullo y la pasión incrementan y sólo puedo acompañarlos al ritmo del “Mexicanos al grito de guerra”... Las lágrimas empiezan a rodar por mis ojos y ver llorar a Alexis Vega sólo refuerza este sentimiento. Pienso: “Carajo, qué emocionante debe ser estar ahí, en esa cancha, saber que estás a minutos de iniciar tu participación en un Mundial”.

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Cualquier amante del futbol quisiera ser uno de ellos ahora mismo. Y es que ahorita, al menos por los próximos 90 minutos, esos hombres son nuestros héroes y cargan en sus botines la fe de millones de mexicanos. Y no, no quiero pecar de blasfema, pero es que sólo el que ama el futbol sabe que durante un evento así no importan los pronósticos, hasta el más pesimista quiere ver a la Selección Mexicana ganar, lo desea, lo pide, lo reza.

Arranca el partido y la rueda de la fortuna de las emociones continúa. Cada que un balón está cerca de la portería de Polonia, una grita para que la bola cruce la línea. Porque las críticas a la selección de hace unos años, de unos meses, de hace unas horas, desaparecen, y ahora todos quieren un bien común: ganar; sin embargo, termina el primer tiempo y el mayor protagonista aún no se presenta.

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Regresamos a nuestros asientos y el balón rueda en el segundo tiempo… De repente un forcejeo entre Lewandowski y Moreno enciende las alarmas, marcan penal para México.

Los malos recuerdos regresan a la cabeza y se comienza a sentir miedo. Porque claro, es Robert y nuestro Ochoa lleva muchos partidos sin parar un penal. El árbitro pita, Lewandowski cobra y Paco Memo nos regala una tremenda atajada, una parada que se grita, que se llora como si hubiese sido un gol. El de los rizos perfectos nos vuelve a regalar esperanza, nos regresa el alma en el pecho y solo hizo que nos crezcamos, que tanto la afición como los jugadores se vayan para arriba. Polonia tiembla porque despertaron a la bestia.

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Continuó el juego limpio, duro y con garra, los mexicanos rasguñaron la victoria en varias ocasiones, pero tras 97 minutos el árbitro pitó el final del partido y todo terminó en un empate a cero goles.

Una empieza a relajarse, con un sentimiento agridulce porque el marcador no reflejó el buen partido del equipo tricolor. Por ahora, las emociones vuelven a guardarse, el ritmo cardiaco se normaliza, al menos hasta este sábado cuando la Selección Mexicana se enfrente a la Argentina de Messi y ahí de nuevo estaré lista para gritar... ¡Sí se puede!

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Fotos: EFE.

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