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¿Por qué las vitaminas no son tan buenas como pensábamos?



Desde hace cinco años, la industria de las vitaminas, así como la de los antibióticos y los populares suplementos alimenticios se emancipó, se convirtió en una especie de negocio paralelo e independiente de las demás compañías farmacéuticas, hasta convertirse en el más prometedor.

Sin embargo, al mismo tiempo comenzaron a publicarse decenas de estudios científicos que intentaban demostrar que no eran tan buenos como la mercadotecnia nos los presentaba, incluso, algunos sugerían que el consumo excesivo o frecuente de ellas no trae beneficios en absoluto ni mejora la salud.

De acuerdo con lo que explica Medical Daily, la Asociación Americana del Corazón asegura que las personas deberíamos confiar en los nutrientes que recibimos de la comida en vez de en las vitaminas y suplementos alimenticios que abundan en el mercado porque hasta la fecha no hay datos suficientes que sugieran que "las personas se benefician al tomar una vitamina determinada o suplementos minerales en exceso".

Los investigadores que han participado en los estudios concuerdan en una premisa básica: los efectos de dichas pastillas son "más bien neutrales, inefectivos" y no sirven para nada en los organismos de las personas que ya están sanas para empezar.

The Independent explica que, a pesar de que el mercado nos ofrece píldoras cada vez más coloridas para llamar nuestra atención, con mensajes "personales", la mayoría de ellas fallan por una simple razón: en realidad no necesitamos de ellas para estar "sanos".

 Catherine Price, experta en la materia, afirma que el problema de la actualidad es que las personas han empezado a consumirlas como si fueran una especie de "aseguradoras", que nos protegerán "de todo lo que podríamos (o no) estar comiendo, como si tuvieran el poder de salvarnos de nosotros mismos". Sin embargo ese uso es erróneo y la premisa totalmente falsa. 

En su libro "Vitaminia", Price expone que lo que sí debemos estar haciendo para aproximarnos a ese deseo de ser personas sanas es comer "comida real", productos naturales como las frutas y las verduras. Aunque suene como la mamá de todos los niños pequeños, la realidad es que si se come todo con moderación, entonces encontraremos el verdadero balance.

Por si fuera poco, hay otra razón para dejar de consumir las vitaminas y los suplementos, sin importar lo atractivos que luzcan ni los beneficios que nos prometan: algunos de ellos, incluso en vez de protegernos, podrían provocarnos muchos más males. Algunos de esos productos se han visto relacionados con el incremento de riesgo de algunos tipos de cáncer, mientras que se ha comprobado que otros producen piedras en los riñones.

Es imperativo y cierto (más allá de lo que nos hayan advertido nuestros compañeros veganos) que la comida procesada altera al organismo, al igual que las bebidas azucaradas. Alejarse de esos productos dañinos es un primer paso para llevar una vida lo más "saludable" posible. 

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