Brasileñas logran que Spotify retire canción que normaliza la violación

Karina EspinozaMiércoles, 17 de enero de 2018 18:57

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La canción "Surubinha de Leve", de MC Diguinho fue retirada de la plataforma después de las críticas a su letra que literalmente decía: "pégale a la bebida, dale a la chica y abandónala en la calle"


La viralización en Spotify de la canción Surubinha de Leve, del cantante brasileño MC Diguinho, metió el dedo en una de las llagas más hondas y dolorosas de Latinoamérica: la normalización de la violencia hacia las mujeres. No es gratuito si la canción literalmente habla de alterar el alcohol, dárselo a una chica y luego dejarla en la calle.


Por lo pronto, las críticas en redes sociales y las quejas de los usuarios de Spotify lograron que se quitara la canción de la playlist “Brazil Viral 50”, y mientras se redactaban estas líneas, también YouTube puso algunos bloqueos en México por derechos de autor.


La canción fue retirada de Spotify. (Foto: Spotify)


Pero más allá de la discusión que de entrada muchos considerarán una exageración, un acto de intolerancia o en contra de la “libertad de expresión” del artista, vale la pena poner en contexto varios aspectos de lo que implica normalizar (que no es lo mismo que promover) la letra explícita de esta canción.


Primero, Brasil, de donde es originario MC Diguinho, no es distinto del panorama latinoamericano de violencia contra las mujeres y mantiene el quinto lugar de 13 asesinatos femeninos diarios, siendo las brasileñas negras las más afectadas, pues de 2006 a la fecha el 54 por ciento del total de los homicidios pertenece a esa población. El dato duro lo provee el Mapa de Violencia, un trabajo de investigación desarrollado por el investigador Jacobo Waiselfisz, quien desde 1998 divulgó 27 estudios sobre violencia y género.


Aunque pareciera que Brasil dejó atrás las trabas de género, pues "hasta los gobernó una mujer" (Dilma Rousseff), eso no implica mucho avance en la construcción de políticas públicas o plataformas sociales que ayuden a cambiar el papel social y doméstico de las mujeres. Para muestra está que Brasil, como en muchos países del resto del mundo, también celebra el Día Internacional de la Lucha de las Mujeres como un día de alabanza a la matriz, sin mayor impacto. Lo reafirman los datos de la Organización Mundial de la Salud que dicen que hasta mediados del 2017, cada siete minutos una mujer puso una denuncia por maltrato; el 55.3 por ciento de los crímenes de mujeres ocurre en el espacio doméstico y el 50.3 por ciento de las muertes violentas de mujeres son efectuadas por miembros de la familia, generalmente hombres.


Muchas brasileñas protestaron contra la canción de Diguinho en redes sociales. (Foto: Twitter)


La imagen mental que deja una canción como esta, da dimensión a los números que de por sí son graves, pero que leerlos al aire sin entender desde el acceso de las mujeres a la salud sexual y reproductiva hasta su participación en el espacio público es un riesgo que hace de las posiciones morales un arma fácil de empuñar sin consecuencias. Pero, ¿para qué sirve exponer aquí la realidad social para las mujeres del país de donde nacieron las estrofas de una canción?


Mucho se opina sobre las cualidades de libre interpretación, y formativas de ciertos productos culturales como el cine, la televisión y la música. Incluso en muchos casos el debate se desvía de temas importantes como el clasismo, el sexismo o el racismo en obras de impacto masivo y/o mediático por considerar al arte como un ente intocable y bueno en sí mismo. Y el desvío de atención no es todo, generalmente viene con desdén de censura toda aquella crítica que subraya o construye una visión alterna que contrasta la realidad con la ficción, asegurando que el arte debe separarse de toda suposición de verdad. Así, más allá de figuras retóricas intrínsecas al discurso original de las piezas, se cuestiona la legitimidad de discernir o de ofenderse con una película, cuadro o canción como es el caso de la de Diguinho, cuya lírica es explícita y se inserta en un contexto bastante desafortunado de violencias de todos los tamaños.


Video respuesta a la canción de Diguinho. (Foto: YouTube)


Casos en la música no faltan, ahí estuvo la polémica de Alejandro Fernández con Mátalas en 2009 y la queja de la entonces directora de InmujeresDF, Malú Micher, quien lo acusó de incitar a la violencia cuando los números de feminicidios subían en el país. Porque la canción dice textualmente: mátalas. Podrá gustarnos o no la famosa canción de Fernández, pero el mensaje es claro y nada exime que en un contexto como el de México, desde entonces, no implicara un despropósito tal como el de aludir al asesinato, menos si además en la misma canción se afirma, en una historia de franco ejercicio de poder –que no seducción–, «que no hay una mujer en este mundo que pueda resistirse a los detalles». Porque claro, no importa cuántas veces esta diga que no, si insistes lo suficiente, ella caerá, porque tiene que hacerlo de cualquier manera.


A esta canción se suman otros casos escandalosos como el reciente 4 Babys de Maluma, por la que le llovieron las críticas al reguetonero; aunque en este caso también se dieron posicionamientos de empoderamiento y gozo femenino ante el disfrute sexual consensuado y sin compromiso. O el de la emblemática banda Café Tacvba, que en febrero del 2017, a modo de apoyo a la causa de no normalizar la violencia de género, decidió no volver a tocar La Ingrata en sus conciertos, pues la consideran susceptible a una lectura incorrecta, más allá de la intención “humorística” e inspiración de los corridos norteños con la que se escribió. La decisión hace sentido si pensamos en un México que para septiembre del mismo año de la decisión de los Tacvbos ya contabilizaba mil 297 feminicidios en total impunidad; la tasa más alta de feminicidios de América Latina, según la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL). Y pues porque sí, para el lenguaje y la transmisión de mensajes: forma y fondo importan.


Mapa de feminicidios en México. (Fuente: Google)


Regresando al caso de MC Diguinho, las consecuencias de la indignación –fundamentada– hicieron eco y se puso un alto a la difusión de una canción que hasta el menos docto o el más macho reconoce como violenta, cínica e indiferente a la realidad, una que no es exclusiva de segmentos específicos de consumo y educación, ni de las mujeres, pero que como es dirigida y cuestiona la masculinidad en términos de ideología de macho, no da espacio más que a la precariedad de la existencia viril, esa que, diría la feminista Rita Segato, sólo reproduce violencia.


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Karina Espinoza Karina Espinoza Periodista

Comunicóloga. Escribo y edito. Clavada del arte, la estética y el género. Marguerite Yourcenar y Julia Kristeva son mis superhéroes favoritos.

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