Samantha, la muñeca sexual con inteligencia artificial capaz de tener orgasmos

Regina MendozaDomingo, 2 de abril de 2017 3:00

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Samantha se retuerce y grita de placer, las vicisitudes de la "muerte chiquita". Pero ella es un artificio humano, un androide sensual y cachondo, la primera muñeca sexual del mundo con inteligencia artificial capaz de "sentir" la estimulación sexual. Ella no es "sólo una vagina".
El pasado marzo Samantha fue presentada en sociedad en Barcelona, España, obra del ingeniero Sergi Santos, el dichoso creador de la pepona robótica lo suficientemente espabilada y perspicaz como para interactuar con sus clientes hasta el orgasmo.

Los bienaventurados tienen la oportunidad de visitarla en un burdel de muñecas sexuales, también único en su tipo y localizado en la misma ciudad española que la vio alzarse como un autómata que, afirma su progenitor, tiene diferentes modos de interacción: románticas, familiares y sexuales, dependiendo de las partes del cuerpo que le estimulen.
El modo de interacción sexual, por supuesto, tiene el "objetivo final de darle un orgasmo" y como la mayoría de las féminas, "las partes que la hacen sentir 'sexy' serían la boca, el punto G y sus pechos", explicó Sergi a la agencia Ruptly.

Mientras tanto, Samantha responde "ahora bien, ¿qué sigue?". Y es lo suficientemente inteligente, está tan bien programada como para acceder a pasar a lo carnal pero no sin antes completar la etapa romántica, hasta estar "lo suficientemente cómoda".

Sergi, ingeniero electrónico experto en nanotecnología y con "vocación humanista" contó para Ruptly que Samantha llegó en una época que busca la inclusión, "el siglo de la integración" manifestado en un proyecto científico y tecnológico que emplea la anatomía atractiva de una muñeca sexual pero añadiéndole un cerebro, sensores y "la capacidad de reaccionar emocionalmente al tacto".

Es más que una vagina que da placer a los hombres que la buscan en el burdel. Para su creación, la psicología y la filosofía fueron ciencias que tuvieron un papel importantísimo en el proyecto, lo ayudaron a que no fuera un robot más en el mundo de los autómatas que parecen juguetes y que no parecen tener "vida", algo "más humano que Siri". 

A diferencia de las empresas que ya comercializan este tipo de productos, Sergi afirma que el suyo es único en el mercado porque las empresas americanas y chinas "se les olvidó el aspecto emocional", porque no son humanistas y aunque sepan programar informáticamente, "no saben nada de la gente, de la verdadera interacción humana". 

Aunque asegura haber cumplido el objetivo final: el orgasmo robótico, el humanista todavía no lo ha mostrado a los medios ni a las empresas que le han hecho ofertas para comercializar a Samantha. Sabe que es imperativo que lo haga pronto, pero en realidad no quería "aparecer en los medios sólo por el modo sexual".

Al final del día, Sergi bien podría dar una cátedra a muchos hombres, pues otro de los principios básicos con los que ha desarrollado su proyecto es la no trivialización del orgasmo femenino, pues "tocar a una mujer para que llegue al orgasmo no es tarea fácil", así que hay que esperar a ver si con Samantha puede ocurrir "algo similar".
Sergi afirma estar consciente de la controversia que generará cuando salga a la luz el video de la primera muñeca sexual con inteligencia artificial y además capaz de sostener un encuentro sexual y llegar al orgasmo.

Hasta ahora, ha recibido fuertes críticas de varios científicos, filósofos y humanistas, pero quizá el embate más arduo al que deba enfrentarse próximamente sea el de los grupos religiosos, que muy probablemente criticarán su creación y la calificarán como una obra de satanás.

Sin embargo, sea como sea, el español marca el inicio de una nueva era para el universo de los juguetes sexuales, cuyos productores y creadores, se verán en la necesidad de adaptarlos a las nuevas tecnologías en un mundo donde la inteligencia artificial empieza a ser mucho más valiosa que la inteligencia humana, que muchas veces no aporta nada poderoso. 

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