¿Qué deben empezar a hacer los científicos para proteger la biodiversidad?

Regina MendozaJueves, 13 de octubre de 2016 7:28

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Hoy todos deberíamos ser parte de la “comunidad ecológica”.  El cuidado del medio ambiente y la protección de la biodiversidad no debería ser una práctica exclusiva para científicos y ambientalistas.

Las consecuencias de nuestro descuido colectivo ya se manifiestan en todas partes: especies en peligro de extinción (el ajolote, la vaquita marina, el lobo mexicano; en el caso del país), polos derretidos, los veranos más calientes en años.

En su columna de la revista Nature, Aaron M. Ellison, investigador de Ecología en la Universidad de Harvard hace un llamado para que la comunidad científica nos represente y empiece a tomar medidas para la conservación.

Desde el último censo de elefantes africanos, cuyos números disminuyeron significativamente, empezó a señalar los errores que están cometiendo muchos investigadores.
Los científicos no deberían quedarse exclusivamente con la información y los datos precisos sobre cuántas especies hay (hoy son sobrevivientes) ni cuáles corren peligro. Deben dejar de únicamente arrojarnos papeles con números.

De acuerdo con Ellison, hay que integrar dinámicas sociales al proceso del estudio de sistemas ecológicos y lo más importante: la ciencia debe unirse con los creadores de leyes (“los que toman decisiones”) para implementar políticas públicas de conservación.
Hoy en día, los enfrentamientos belicosos (guerras civiles) que sostienen muchas naciones, preocupadas más por el combate y el alzamiento de fincas que por la biodiversidad.

El ecologista propuso algunas medidas para que los científicos adopten y cese “la caza furtiva de elefantes en África, la quema de bosques en Indonesia, el fracking en Norteamérica y la manía de China por comerse todo lo que camine con la espalda al cielo”.

Para poder empezar a preocuparnos verdaderamente por las especies, los científicos y ciudadanos tenemos que dejar de referirnos a ellas como “recursos naturales”. Hay que “ponerle nombre a las caras” para englobar y comprender el concepto de biodiversidad.

En segundo lugar, la comunidad debe entender que los datos mejor recabados no siempre obligan a que se tomen las mejores decisiones. Hoy en día, la decisión de que las especies deben salvarse y protegerse es totalmente arbitraria: se basan en emociones, en opiniones políticas y en accionistas. El crecimiento económico sigue siendo la prioridad.

Y lo más importante de todo: los científicos deben involucrarse directamente en la creación de las políticas públicas, en todos los procesos legales. Deben enviar correos, llamar y contactar constantemente a los líderes políticos.
Es un reto presentarse en todos los encuentros políticos, pero es necesario. Además, muchos más se deben sumar a las de voluntarios para formar parte de los grupos nacionales e internacionales que ya tienen vínculos directos con los que están tomando las decisiones.

Si la comunidad científica no presiona a los gobiernos y alza la voz en nombre de toda la humanidad,  por más esfuerzos que se intenten hacer, las leyes impedirán todo avance.


*Con información de Nature. 





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