Los pueblos fantasmas creados a partir de amenazas del narco en Guerrero

Laura Corona-AlmarazMiércoles, 21 de junio de 2017 15:44

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Ahuihuiyuco está vacío. Tepozcuautla también. En Tetitlán de la Lima tampoco hay un alma. Una amenaza escrita en un papel fue más que suficiente para que los habitantes de estas localidades dejaran todo por su seguridad.

Atrás dejaron las pocas pertenencias que tenían. Animales de granja, campos de cultivo, todo se quedó en esas localidades en las que el silencio de vez en cuando se rompe con el ladrar de un perro que ruega por agua tras ser abandonado por sus dueños.

Los enfrentamientos entre los grupos criminales Los Rojos y Los Ardillos, provocaron que más de mil trescientas personas dejaran la historia que escribieron a lo largo de muchos años en estas localidades de Guerrero.

Los rezos y las plegarias no fueron parte de la rutina la mañana del 7 de junio. Al llegar a la capilla construida en honor a la Virgen de Guadalupe en Ahuihuiyuco, una cartulina con un mensaje les dio la amenazante noticia a los feligreses.

Tienen hasta las 9 de la mañana del viernes para irse, si no quemaremos sus casas”, decía la nota que colgaba de las puertas de la capilla. La amenaza se tomó tan en serio que catorce días después, ninguno de los habitantes quiere volver a casa.

La violencia se apoderó de Guerrero y la disputa del narco por el territorio es parte sustancial del problema.

Ahuihuiyuco se encuentra en el municipio de Chilapa, en Guerrero. En 2014, Silvestre Carreto González, quien fungía como secretario de Seguridad Pública de Chilapa, fue cesado de su cargo por no ser confiable. La razón: poner a la policía al servicio del grupo criminal Los Rojos.

Tanto Ardillos como Rojos quieren Chilapa y lo tendrán a como dé lugar. Los dos peleaban desde ese 2014 por la venta y producción de droga, el cobro de piso, la piratería y el secuestro.

Cuando Los Ardillos se enteraron de la presunta ayuda de Carreto González, comenzó la cacería en contra de él y de su familia. Hasta el momento nueve familiares del exsecretario han sido asesinados mientras que otros cinco se encuentran desaparecidos.

Los enfrentamientos entre Ardillos y Rojos también se llevan a inocentes entre las patas y muestra de ello son los habitantes que dejan sus pertenencias con tal de seguir vivos.

Las escuelas no tienen estudiantes, los centros de salud no operan por la ausencia total de personal, no hay campesinos que cuiden la tierra, todo es nada, es silencio, es ausencia.

A diferencia de lo que hicieron pobladores de Tepecoacuilco y Eduardo Neri, también en Guerrero, al crear su Policía Comunitaria y proteger su territorio por sus propios medios, los habitantes de Ahuihuiyuco, Tepozcuautla y Tetitlán de Lima decidieron dejar sus hogares tras las amenazas de estos grupos criminales.

El Ejército y la Policía Estatal invitó a los desplazados a regresar a sus hogares, pero ¿quién se va a sentir seguro con este tipo de mensajes en las calles? ¿Quién no podría sentir miedo cuando escucha que cerca de sus casas hay decapitados quemándose en una barranca?

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