¿La prostitución es opción para enfrentar la pobreza por desempleo?

Alejandra MedinaJueves, 23 de marzo de 2017 14:07

shares
Noticias prostitucion ante pobreza


En foros internacionales, feministas y estudiosas del tema como la antropóloga Marta Lamas, han alertado que ante la falta de opciones laborales, mujeres en situación de pobreza ven al trabajo sexual como su única alternativa para obtener dinero.

Es de gravedad que para mujeres de escasos recursos no haya un empleo con una paga equivalente a la que obtienen a través de la prostitución, fenómeno que ha estudiado la filósofa estadounidense Martha Nussbaum.

A pesar de que en algunos países se permite, en otros hay zonas de tolerancia o en unos más castigan a los clientes y proxenetas, con una perspectiva por abolirla muy lejana a la realidad. El contexto es que las obliga a elegir vender su cuerpo como opción de sustento económico.

El ejemplo es Suecia, donde empeoraron las condiciones de vida para las sexoservidoras. En 1999 el país fue pionero en castigar hasta con un año de cárcel a los clientes de la prostitución, considerada una forma de violencia y desigualdad de género contra las mujeres.

El año pasado Francia también adoptó la disposición e impuso multas de casi 4 mil euros a quien pague por sexo, pese a que 40 mil prostitutas se movilizaron para impedir se aprobara.

La medida también se instaló en Islandia, Canadá, Hungría, Singapur, Sudáfrica, Corea del Sur, Noruega e Irlanda del Norte, mientras que en Bélgica, Irlanda y Escocia la discusión está en debate.

Según las autoridades suecas, reporta en un artículo el diario El País, tras 10 años de prohibir la prostitución, los compradores de sexo disminuyeron del 13.6 al 8 por ciento, pero el mercado en Internet, el clandestino, repuntó de manera incontrolable.

Hay otras opiniones, las que apoyan legalizar la prostitución y convertirla en un trabajo que ejerzan de manera libre, como en Holanda, que su regulación dio a las sexoservidoras prestaciones sociales, debido a que pagan impuestos.

Mismo caso ocurre en Dinamarca o Alemania, donde está regulada como trabajo desde el año 2000 y los dueños de burdeles también hacen contribuciones hacendarias. En Italia y España está penado el proxenetismo y hay multas para quien compra o vende sexo.

Otro caso son las llamadas zonas de tolerancia, donde las mujeres pueden esperar a un cliente en calles lejanas a escuelas o iglesias, de países y ciudades como China, Londres, Portugal, la Ciudad de México (zonas de Sullivan y Buenavista), Buenos Aires, Atenas, Rusia, Milán, Las Vegas, Costa de Marfil o Senegal.

El año pasado, durante la Asamblea Constituyente se rechazó la propuesta de reconocer el  “trabajo sexual” en la Constitución de la Ciudad de México. El apartado planteaba que además se protegería el trabajo sexual voluntario y autónomo como una actividad lícita.

Muchas voces alegaron que avalarlo afectaría a la dignidad humana, que dejaría en calidad de objeto y materia de comercio a mujeres y hombres, aunado a que no les brindaba ninguna seguridad jurídica por ejercer la prostitución.

La solución en que más insiste la filósofa Martha Nussbaum es la educativa, en capacitar  las prostitutas para ciertas habilidades y empleos. Pero, también ve una mejoría en las condiciones del trabajo sexual si este se legalizara, siendo una actividad que existe en el ramo de servicios y que ahora carece de derechos.

Prohibirlo o erradicarlo no soluciona nada, mas sí margina a quienes ejercen la prostitución. Pese a que la explotación sexual tiene otro significado, algunas sexoservidoras consideran que en sus anteriores empleos eran sobreutilizadas.

De acuerdo a un testimonio que obtuvo Marta Lamas con una trabajadora sexual de la Merced (de las 15 mil que se calcula laboran en la zona), le dijo que era explotada al limpiar oficinas por un salario mínimo de 70 pesos al día, a diferencia de lo que percibe vendiendo su cuerpo. Por sólo unas horas, alrededor de 500 pesos.

A partir de esa opinión, Lamas reflexiona que en la agenda de las feministas el término explotación debería extenderse a lo laboral, como las actividades para empleadas del hogar, obreras, afanadoras, barrenderas o maquiladoras.

En sus acercamientos con sexoservidoras, muchas coinciden en las razones por las que eligieron esta actividad para ganarse la vida. De entrada, porque ganan más dinero que en otro empleo, para mantener a su familia o pagar un costoso tratamiento médico. Sin duda, es una fuente de trabajo que no puede abolirse sin medir las consecuencias.

Derogar el comercio sexual lo sumiría en la clandestinidad. No afectaría a quienes se prostituyen en departamentos u hoteles de Santa Fe y Polanco, sino a las que viven en un ambiente marginado, por migración o que la ejercen como alternativa ante el desempleo.

El estigma y las falsas creencias también afectan a las sexoservidoras de edad adulta, cuyos clientes creen que podrían infectarlos con el virus del VIH y piensan que al tener relaciones con jovencitas e incluso niñas, no enfermarán de SIDA.

ETIQUETAS:
REFERENCIAS:
Alejandra Medina Alejandra Medina

COMENTARIOS