8 años sin Santiago; 8 años sin justicia para las víctimas de la guardería ABC

Laura Corona-AlmarazLunes, 5 de junio de 2017 13:30

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El uniforme de las Chivas Rayadas del Guadalajara era el favorito de Santiago. Sus padres no lo olvidan. Tampoco olvidan que disfrutaba mucho ver los programas de Discovery Kids y que ningún animal lo cautivaba tanto como los cuervos.

Su reacción al escuchar a Green Day interpretar "Basket Case", era de lo más divertida. Agitaba la cabeza junto a Roberto, su papá, con quien pasaba las tardes antes de que llegara de trabajar Martha, su mamá.

A diferencia de las autoridades, ni a Roberto ni a Martha se les olvida que hace ocho años, una de las mayores tragedias en la historia del México reciente, les arrebató la vida de Santiago: el incendio en la guardería ABC en Hermosillo, Sonora.

Roberto y Martha discutieron sobre la posibilidad de practicarle a Santiago la circuncisión. Consideraban que a sus dos años, era muy pequeño para ser sometido a esa intervención, así que acordaron que Martha iría a una plática con un médico del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) para despejar sus dudas.

Roberto entró muy temprano a trabajar y pidió permiso para ausentarse un momento; así acompañaría a Martha a la plática. Él se quedó con Santiago afuera del consultorio mientras ella escuchaba atenta al médico.

De regreso a casa, cerca del mediodía, Martha dio a Santiago un beso y Roberto, quien después de estacionar el auto frente a la guardería ABC, lo tomó en sus brazos para entregarlo a una maestra que los estaba esperando al pie de la institución. Ese fue el último día que ambos verían a Santiago con vida por última vez.

Roberto siempre recogía a Santiago antes de las dos de la tarde. Ese 5 de junio, prefirió quedarse un poco más de tiempo en su trabajo por una junta que le pareció interesante analizar. Con el reloj marcando quince minutos para las tres, Roberto salió apresurado en busca de Santiago.

Antes de subir a su auto, vio una columna de humo destacar en el cielo de Hermosillo. Preguntó a uno de sus compañeros si sabía de qué se trataba pero ambos ignoraban la tragedia que venía de esa nube oscura.

La rutina de Roberto se alteró por un mal presentimiento. En lugar de ir a casa a cambiarse de ropa para ir a la guardería por Santiago, fue directamente al lugar. Su corazón parecía salirse de su pecho cuando la columna de humo era más evidente al acercarse al lugar en donde horas antes dejó a Santiago.

Dos kilómetros eran los que lo separaban de Santiago. El caos ya estaba presente a esa distancia. Claxonazos, mentadas de madre, calles bloqueadas. Roberto no podía pasar y aunque la calma llegó por un momento al ver que el humo venía de un almacén del gobierno de Sonora, el cual compartía paredes con la guardería, no estaría tranquilo hasta llegar al lugar.

Roberto manejó por calles desconocidas hasta que, al dar vuelta en la esquina en donde se encontraba la estancia infantil, vio estrellada una camioneta pick-up contra una pared. El conductor, quien estaba desmayado al volante, quería perforar la pared con su auto para habilitar una salida de emergencia que la guardería nunca tuvo en funcionamiento.

Desesperado bajó del auto y preguntó por Santiago a las profesoras que encontraba en su camino a la entrada de la guardería. La maestra a la que entregó a Santiago al mediodía, le dijo que el niño se encontraba en el Bloque 1. Roberto se quitó la camisa, la humedeció con agua de un garrafón que llevaron los vecinos para auxiliar a los niños y se internó en la guardería que, para ese momento, ya no se distinguía por el humo que la cubría.

Santiago no estaba en el Bloque 1. Lo buscó entre los niños que estaban tendidos en el suelo frente a la guardería. No lo encontró. Un policía le dijo que a algunos niños los llevaron al Cima, un hospital privado cercano a la guardería.

Camino al hospital, Roberto buscó a Martha, su esposa, quien se movió por su cuenta para encontrar a Santiago. Recorrieron los hospitales de la ciudad. Al llegar a uno perteneciente al ISSSTE, vieron varios tendederos con ropa de los pequeños recibidos en ese hospital, para que los padres los reconocieran más fácil.

Ahí tendida, estaba una camiseta que Roberto recordó de Santiago. Al reconocer el cuerpo del niño y comprobar su tipo de sangre, el mundo dejó de ser habitable para ellos.

Santiago debía cumplir 10 años este 2017. La tragedia en la guardería ABC no la olvidan los familiares de los 49 niños que fallecieron a raíz del incendio, pero parece que para las autoridades, el hecho se añadió a la lista de las innumerables injusticias cometidas en México que pasan de largo sin dar una lista de culpables.

El Movimiento Ciudadano por la Justicia 5 de junio, fundado por los padres de las víctimas, sigue clamando porque llegue el día en que se les haga justicia a sus niños, tanto a los fallecidos como a los que quedaron marcados por las quemaduras durante el incendio.

No hay culpables aún y los pequeños en las estancias siguen muriendo. Según el portal Animal Político, se produjeron sesenta decesos desde aquel 5 de junio del 2009 a la fecha y nadie hace nada.

Hoy se cumplió un año más en el que la falta de memoria sigue acosando a las autoridades. Un año más en que las sonrisas de esos 49 niños no llenan los espacios que habitaban. Un año más en que los sobrevivientes tienen que llevar a cuestas quemaduras que a diario les recuerdan la tragedia.

Más de 22 personas que están siendo investigadas por el caso, llevan sus procesos judiciales fuera de la cárcel y no dentro de ella. A los padres, a los familiares, la tragedia de la guardería ABC no se les olvida.

Ellos seguirán exigiendo justicia por sus hijos, porque el hecho no quede impune y no pase de largo para aquellos que deben responder por una de las peores tragedias en la historia de México.

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