Estas son las mujeres que reconstruyeron Nepal tras el terremoto

Regina MendozaMartes, 25 de abril de 2017 8:13

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Hace dos años, el 25 de abril del 2017, Nepal se abrió de par en par. El demonio quiso salir de las entrañas y quebró todo a su paso, alcanzando la última capa de la Tierra, sobre la que yacían los mortales, con un poder de 8.1 grados en la escala de Richter.
Una sacudida intestinal que no percibían desde mediados de la década de los 30 y que dejó 9 mil caídos y 800 mil casas destrozadas. 

A dos años de la hecatombe y tras una inversión de 4 mil millones de dólares, la ciudad que quedó en cimientos apenas recuperó un 2.8 por ciento de lo que perdió. La debilidad de los esfuerzos gubernamentales para coordinarse con los ciudadanos que están reconstruyendo sus hogares con sus propias manos así como con las naciones que hacen donaciones están detrás de ese porcentaje raquítico.

De acuerdo con la Autoridad de Reconstrucción de Nepal (NRA por sus siglas en inglés), un organismo creado tras el terremoto para planear la edificación desde el pavimento, los residentes, "sin ayuda del gobierno", están detrás de las casas que se han logrado erigir nuevamente hasta la fecha.  

Tras esas labores de reconstrucción está un grupo de mujeres que no han cesado de colocar ladrillo sobre ladrillo para recuperar su patrimonio perdido y superar la sacudida bestial. De acuerdo con la BBC en algunas áreas rurales de Nepal, las mujeres como Sanumaya Kumal están "rompiendo la tradición" y están tomando herramientas para "meterle velocidad al proceso".

En un distrito rural al noroeste de la capital, Katmandú, Kumal, junto con otro grupo de mujeres (re)constructoras, se pasa el día cargando costales de arena, haciendo labores de excavación para los nuevos cimientos y acomodando ladrillos con cemento como si se tratara de un juego pueril.

El medio inglés explica que tradicionalmente, las mujeres se limitan a completar sus labores del hogar, pero como la mayoría de sus esposos y familiares masculinos están trabajando en otras regiones de Nepal o incluso en otros países, no hay una fuerza de reconstrucción suficiente que alcance para levantar un pueblo en ruinas. 

Al Jazeera dice que el gobierno tiene gran parte de la responsabilidad, pues han fallado en trabajar con los ministerios que supuestamente se encargarían de distribuir los fondos necesarios para la reconstrucción, mientras que algunos de los donantes se han visto lentos (quizá demasiado) para otorgar lo que habían prometido.

Así sucede siempre. Tras la masacre viene una explosión de indignación e incluso los gobiernos de las naciones más avaras extraen un poco de dinero de sus arcas y se amarran una capa invisible en el cuello. Los superhéroes habremos de ser nosotros, piensan. Y dos veranos han pasado y poco a poco el ardor salvador se apaga. O se derrumba, como templo budista. 

Hasta el momento, la cifra escandalosa de 4 mil millones de dólares no es ni la mitad del monto necesario para regresar del subsuelo los refugios suficientes para sobrevivir más días: únicamente un 12 por ciento de los fondos se ha distribuido y sólo medio millón de familias han recibido el primero de dos pagos que el gobierno les prometió.

Por su parte, la organización Amnistía Internacional advierte que los "marginados" (a raíz del terremoto) han tenido que soportar a dos temporadas de monzones, caracterizadas por lluvias torrenciales. Su única protección contra el frío y el viento consiste en "refugios temporales" hechos de materiales debiluchos, que corren el riesgo de ser arrastrados durante alguna fuerte tormenta.

Ahí, miles esperan pacientes a tener un techo digno, que no se doble con cualquier estremecimiento, por más mínimo que sea. Aura Freeman, la directora de la campaña en Nepal de AI advirtió que los esfuerzos del gobierno para reconstruir hogares "han fallado", sobretodo con los sobrevivientes más desamparados, pues han ignorado la "histórica relación informal que esas comunidades tienen con la tierra" en el país.

Al contrario de lo que prometieron, las autoridades se han encargado de la "marginalización" a través de un programa de reconstrucción que "le niega a las personas que no tienen tierras su derecho de tener una vivienda adecuada", sentencia Freeman. 

Mientras tanto, Sanuyama Kumal dice sentirse feliz con el trabajo que está haciendo, pues tiene la capacidad de desempeñar las labores que corresponderían a un hombre. Ahora están recibiendo ayuda de varias organizaciones internacionales para que ejerciten las habilidades que necesitan en la construcción. Al mismo tiempo, eso les está dando ingresos para tener una vida "decente" y las hace felices por la labor importante que están haciendo para su nación, que sigue devastada.

La BBC encontró a Sanumaya junto con otras ocho mujeres trabajando en el distrito. Algunas de ellas consideran que trabajar ahí, además de que "la paga es atractiva" (supera a muchas de las labores de manufactura en el país) es menos problemático que buscar suerte en otros países.

Al final del día, se sienten satisfechas con la labor que están haciendo, en una de las zonas menos alcanzadas por la ayuda nacional e internacional. Es un trabajo que las empodera y que las mantiene ocupadas todo el día: en una zona en ruinas, la construcción es una tarea que no parece tener fin.

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