Así torturaron y mataron a judíos durante el Holocausto estas dos mujeres nazis

Cultura ColectivaLunes, 13 de noviembre de 2017 17:15

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Irma y María eran dos mujeres nazis encargadas de torturar, matar y sembrar pánico en los campos de concentración de Hitler.

En 2015, una mujer de entonces 91 años fue acusada por la Fiscalía alemana de haber participado en 260 asesinatos en un campo de exterminio judío en Auschwitz. Su nombre es Irma Grese, una supervisora de prisioneros en los campos de concentración nazi. Revelación tardía, pues el cuello de la criminal se había quebrado por la tensión de una cuerda en la prisión alemana de Hamelin el 13 de diciembre de 1945.


A los 19 años ya era supervisora en Ravensbrück, justo antes de que la transfirieran a Auschwitz en 1943, donde tuvo a cargo a 30 mil prisioneras judías que le pusieron “El ángel de la muerte”, un apodo que se ganó a punta de castigos sádicos con látigos en contra de otras mujeres y niños, y que años después, en voz de algunos sobrevivientes, se supo que no sólo eran latigazos, sino que hubo abuso sexual y torturas que consistían en dejar que perros se comieran vivas a las víctimas.


Mujeres en campos de concentración nazi. (Fuente: Museo Memorial del Holocausto, EUA)


¿Pero qué hizo que Irma Ilse Ida Grese se convirtiera en un monstruo? Grese nació en la villa de Wrechen en 1923 bajo el seno de una familia humilde, por lo que su educación no fue más que elemental. A los 15 años tuvo que hacerse cargo de su casa y sus tres hermanos, pues su madre, que hasta entonces se las había ingeniado para sobrevivir, murió.


Ante la desesperación, Irma Ilse tuvo que ejercer varios oficios, desde jornalera en una granja, vendedora en una tienda de abarrotes hasta intendente en un hospital donde intentó convertirse en enfermera, pero el encargado de la Oficina de Trabajo le negó la oportunidad.


Irma Grese. (Fuente: mujeresenlahistoria.com)


En 1942, de la misma oficina la mandaron al campo de concentración como auxiliar de salud de las fuerzas armadas. Ahí decidió que no volvería a limpiar los baños ni a aguantar los malos tratos de los superiores a los que tenía que lavarles toda la suciedad.


No podía ascender de puesto, pues hasta los soldados rasos tenían prohibido portar armas o dar órdenes. Pero se fue metiendo en la organización y reubicación forzosa de civiles que más tarde terminarían en las barracas para finalmente morir fusilados o en las cámaras de gas, según reportó el periódico ruso AIF.


Cuatro años le costó dejar salir su odio y perversión, alimentados por el adiestramiento a cargo de las barracas. Ella, junto con otras mujeres (Ilse Koch, Hildegrand Neuman y María Mandel), a las que se les encomendó en primera instancia ser telefonistas, con una paga de miseria, también fue víctima de abusos por cada error cometido en su área de trabajo: dos días de trabajo cargando piedras en una cantera que después fueron cámaras de gas.


Ahí conoció a Josef Kramer, médico y capitán famoso por sus experimentos con humanos vivos en busca de una purificación de sangre a través de injertos de piel y transfusiones de sangre.


Irma Grese con el Dr. Kramer. (Fuente: Uso libre)


Así, de ser una niña huérfana que vio por sus hermanos, de la mano de Mengele, se convirtió en el verdugo de miles que pasaron por sus manos.


«Sentir el látigo sobre nuestros cuerpos y ver nuestras contorsiones de dolor después de que la sangre brotaba de las heridas la hacían sonreír», dijo una de las sobrevivientes liberadas frente al tribunal en 1945, cuando comenzó el juicio de Grese.


Ahí se supieron todas las atrocidades a detalle: los golpes, cómo forzaba a las secuestradas a infectarse las heridas de los senos para después mandarlas a amputar sin anestesia; las violaciones y las pedidas de clemencia que le divertían hasta que se hartaba y asesinaba a punta de pistola, para después echarlos al crematorio que ardía día y noche.


Mujeres en campos de concentración. (Fuente: Museo Memorial del Holocausto, EUA)


No muy lejos está la historia de María Mandel, “La bestia de Auschwitz”, quien no sufrió pobreza ni maltrato, pero quien fue sacada de su casa después de golpear a su madre cuando apenas tenía 17 años. Empezó como cocinera en Suiza y pasó por muchos empleos hasta que llegó a la prisión de Lichtenburg con otras 50 mujeres.


Su primera encomienda como verdugo la cumplió en 1939, un año después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, cuando la transfirieron a Ravensbrück. Ahí se volvió jefa de campo y recibió miles de prisioneros, no sin antes pararse durante horas frente a los desahuciados, esperando a que alguno la mirara para golpearlo hasta la muerte o simplemente desaparecerlos en el crematorio. Se calcula que fue responsable de la muerte de más de 500 mil mujeres.


María Mandel. (Fuente: mujeresenlahistoria.com)


A diferencia de Grese, Mandel fue entrenada para sembrar pánico y demostrar la inferioridad de las razas distintas a la aria.

Ganó el mérito militar por su desempeño en los campos en 1944, pero el gusto le duró poco pues tuvo que huir en abril de 1945 a través de las montañas, tras la llegada de los comandos americanos y la caída del Reich.


En 1946 fue extraditada a Polonia y después juzgada en Caracovia por crímenes contra la humanidad. A ella también la colgaron, y ante la soga no hubo pelea.


Fosa común nazi. (Fuente: Museo Memorial del Holocausto, EUA)


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