Javier Milei anunció el jueves por cadena nacional que inhabilitará a las empresas con operaciones en las islas Malvinas/Falklands sin autorización argentina, enviará al Congreso un proyecto para endurecer sanciones y firmará un decreto para construir una base naval en Tierra del Fuego. La escalada llega días después de que Donald Trump dijera que Estados Unidos está “reevaluando” su posición histórica sobre la soberanía del archipiélago — la frase que Milei necesitaba para mover ficha.

Qué anunció Milei exactamente
El mandatario apuntó de forma directa a dos empresas vinculadas al proyecto Sea Lion, que busca extraer petróleo offshore a más de 220 kilómetros al norte de las islas: la israelí Navitas Petroleum y la británica Rockhopper Exploration.
“Las compañías tendrán que elegir”, dijo Milei: operar en Malvinas o en territorio argentino, “no se pueden hacer las dos cosas”.
Ambas empresas respondieron en un comunicado que no esperan que los recientes acontecimientos afecten el calendario del proyecto.

En Argentina ya existe una ley que permite restringir actividades de petroleras que operen sin autorización en las islas — lo que Milei quiere es endurecer las penas contra empresas en zonas en disputa con un nuevo proyecto de ley al Congreso. Además, firmó ese mismo jueves un decreto para acelerar los procedimientos sancionatorios que ya contempla la legislación vigente. Los detalles exactos de cuánto se endurecerán las penas aún no se conocen.
El otro anuncio que sacudió la noche fue el de la base naval. Milei dijo que ampliará por decreto los recursos de Defensa para construir “una base naval integrada” en Tierra del Fuego e incrementar capacidades de telecomunicaciones. “Esta base nos convertirá en el polo logístico más importante del Atlántico Sur”, aseguró.

Trump, el aliado que Milei necesitaba
El lunes, Trump fue consultado por la BBC sobre si revisaba la postura de EEUU respecto a las islas y respondió:
“Siempre reviso todas las posturas. Esa es solo una de muchas”.
Frase ambigua, pero suficiente. Milei la tomó como señal verde y la convirtió en el centro de su discurso:
“El presidente Trump declaró que los EEUU están reevaluando su posición histórica con relación a Malvinas. Esta amenaza no es inocua”.
Trump también insinuó esta semana, sin decirlo directamente, que no necesariamente acudiría en apoyo de Reino Unido ante un eventual conflicto con Argentina. El gobierno británico respondió reiterando que los isleños “son británicos y tienen derecho a decidir su propio futuro”. En el referéndum de 2013, los residentes votaron de forma abrumadora a favor de continuar como territorio británico de ultramar — argumento que Milei descartó el jueves al afirmar que los isleños “no tienen un derecho legítimo a la autodeterminación”.

La lectura política que Milei no dijo en voz alta
La escalada tiene un subtexto electoral que el corresponsal de la BBC para América Latina, Will Grant, señaló sin rodeos: la popularidad de Milei ronda actualmente el 34 por ciento y quedan menos de 12 meses para las elecciones presidenciales. Su exvicepresidenta, Victoria Villarruel — política con afinidad abierta hacia los militares — ha criticado sus esfuerzos diplomáticos en la cuestión de Malvinas. Las sanciones y la base naval son, en parte, una respuesta a esa presión interna.
El telón de fondo económico agrega otra capa: el interés de grandes empresas petroleras internacionales en proyectos como Vaca Muerta, en Neuquén, le da a Argentina una palanca real. Si las compañías tienen que elegir entre Malvinas y el mercado argentino continental, Milei apuesta a que el segundo pesa más. Si esa apuesta funciona o no, lo dirán los próximos meses — pero la jugada ya está sobre la mesa.
