Las primeras mariposas monarca de la temporada 2024 llegaron este domingo al ejido El Rosario, en el oriente de Michoacán, coincidiendo con el Día de Muertos. Para las comunidades mazahua y otomí de la región, su arribo puntual no es casualidad: desde hace generaciones se cree que estas mariposas son las almas de los niños muertos que regresan a visitar a sus familias. Los santuarios abrirán al público a partir del 20 de noviembre, y este año se esperan más mariposas que en temporadas recientes.
Por qué llegan justo en Día de Muertos
Las monarcas no consultan el calendario, pero desde hace cientos de años llegan al oriente michoacano en torno al 1 de noviembre. Homero Gómez hijo, representante del santuario, explicó que las también llamadas “Novias del Sol” son puntuales: llegan al iniciar el invierno y parten hacia Canadá y Estados Unidos en cuanto arranca la primavera, completando una migración de miles de kilómetros. Las variaciones climáticas pueden adelantarlas o retrasarlas unos días, pero el cruce con el Día de Muertos es lo suficientemente frecuente como para que las comunidades de la zona lo hayan convertido en parte de su cosmovisión. Qué significa el Día de Muertos para las comunidades indígenas de México
Esta temporada los bosques de oyamel del cerro El Campanario recibirán una cantidad mayor de mariposas en comparación con los últimos años, según anticipó la Secretaría de Turismo de Michoacán. Además de El Rosario, los santuarios de Sierra Chincua, Tlalpujahua y Senguio también están dentro de la ruta migratoria en Michoacán; en el Estado de México hibernan en Piedra Herrada, El Capulín y La Mesa.
Cuándo y cómo visitar los santuarios este año
Los santuarios de la mariposa monarca abrirán sus puertas al turismo el próximo 20 de noviembre de 2024. El santuario más visitado es el de El Rosario, en el ejido del mismo nombre, donde los accesos, guías y servicios de alimentación son operados en su mayoría por familias locales que durante décadas han construido toda su economía alrededor de la migración.
Y aquí hay algo que va más allá del turismo de naturaleza: cientos de familias del ejido El Rosario y del vecino San Luis dependen directamente del fenómeno. La venta de artesanías, el cuidado de la infraestructura del santuario y la oferta gastronómica son la fuente principal de ingresos de comunidades que, por lo demás, enfrentan condiciones históricamente difíciles. Proteger los bosques de oyamel no es solo conservación ambiental; es la base económica de etnias mazahua y otomí que llevan décadas apostando por ese modelo.
