El drama de una madre por defender a sus hijos intersexuales

Laura Corona-AlmarazMiércoles, 10 de mayo de 2017 15:13

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Zainab tenía una vida acomodada en Kenia gracias a su trabajo como partera. Cuando habla de sus hijos se le ilumina el rostro, los ojos le brillan y el tono de su voz se vuelve más dulce. Haría lo que fuera por ellos… lo que fuera.

En 2012, no sabía que uno de esos partos que asistió le cambiaría la vida. Zainab sentía que había algo inusual en aquel nacimiento. Se ayudó de una cuchara de madera para cortar el cordón umbilical que estaba apretando el cuello del bebé y al limpiarlo para entregarlo a su madre y decirle el sexo del pequeño, se dio cuenta que poseía genitales masculinos y femeninos.

Zainab entregó el bebé a la madre y ésta, sin habla, lo recibió en su regazo. El marido, horrorizado, no aceptó al pequeño y sin pensarlo, dijo que debía ser asesinado. Fiel a su instinto maternal y después de ayudar a traer al mundo a decenas de niños, Zainab se ofreció a matar al bebé aunque su intención era otra: quedárselo.

El padre de aquel niño intersexual no quedaría tranquilo hasta mirar el cadáver con sus propios ojos. Un año después de haberlo entregado a Zainab para su asesinato, se dio cuenta que el pequeño estaba vivo. Contrario a sus creencias, el hombre dejó que la partera se quedara con el niño, a cambio de no decir nunca nada. Ella aceptó.

En la comunidad keniana de donde es originaria Zainab, los niños intersexuales son vistos como un mal presagio, así que lo mantuvo oculto durante dos años, criándolo como parte de su familia. La probabilidad de que Zainab asistiera otro parto de algún bebé intersexual era de 1.7 por ciento. Las estadísticas no son confiables aunque los médicos indican que este es el porcentaje más cercano a la realidad en Kenia.

Dentro de esa probabilidad porcentual, Zainab volvió a asistir otro parto de un bebé intersexual. En esta ocasión, cuando la madre dio a luz y de dio cuenta de la situación del pequeño, decidió huir sin dejar rastro alguno. La partera volvió a acoger al niño en lugar de asesinarlo.

Zainab ahora tenía que afrontar las consecuencias. Su marido, pescador de un lago de la comunidad, al verla llegar con otro niño intersexual, le reclamó que no le estaba yendo bien con la pesca y echó la culpa a una maldición que había llegado con los dos pequeños, así que le ordenó a la partera que los ahogara en el lago.

Al negarse, comenzó el viacrucis de Zainab, quien dejó a su marido y a sus hijos ya adultos con tal de defender a sus pequeños. Huir se volvió prioritario e ir en contra de las costumbres que se dictaban en su comunidad fue su sentencia.

Un grupo de parteras tradicionales llamado “Diez Queridas Hermanas” tratan de disminuir los asesinatos de bebés intersexuales. Intentan explicar a las comunidades sumamente religiosas que esos niños también son creación de Dios y bajo esa idea pretenden que dejen de matarlos. 

Las familias no siempre asesinan a los niños que nacen con genitales masculinos y femeninos, pero las condiciones de vida a las que son destinados no son las idóneas. Según Georgina Adhiambo, directora ejecutiva de una organización de caridad en Kenia llamada "Voces de Mujeres", los tienen encerrados por vergüenza o por miedo a que alguien pueda hacerles daño.

Todos pueden recibir tratamiento. Aunque parezca que siguen cerrados en sus ideas, muchos habitantes de estas comunidades en Kenia tienen acceso al internet y, de acuerdo a lo que explica la endocrinóloga pediátrica Joyce Mbogo para la BBC, muchos padres ya investigan qué es la intersexualidad y cómo es posible sobrellevarla.

A algunos pacientes adultos se les trata con medicamentos o tratamientos hormonales. Otros más necesitan cirugías que son optativas hasta después de la pubertad y que les dan la oportunidad de decidir con cuál aparato reproductor eligen quedarse. 

Zainab trata a sus pequeños de manera normal. Los hijos que tuvo con su esposo la apoyan aunque haya huido. Se gana la vida vendiendo ropa y sandalias en su natal Kenia y hace todo lo posible porque a ninguno de los tres les haga falta nada.

Son seres humanos y ella debe cuidar a los hijos de Dios. Bajo ese designio, Zinab protege a sus dos pequeños. Ellos merecen la vida, tanto como cualquier otro ser humano que pise la tierra.

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