Después de 14 años, ladrón de pinturas de Van Gogh confiesa su delito

Vicente RMartes, 21 de marzo de 2017 15:52

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“Algunas personas nacen para ser profesores. Otras nacen para ser futbolistas. Yo nací para ser ladrón”, estas son palabras de Octave Durham, el encargado de sustraer dos pinturas de Vincent van Gogh la noche del 7 de diciembre de 2002.

Después de poco más de 14 años de que, junto a un cómplice, trepó a la azotea del Museo Van Gogh, rompiera una ventana con un martillo y removiera los lienzos de la pared, Durham ha confesado sobre su participación en uno de los robos de arte más célebres de la posguerra.

Las declaraciones fueron recabadas en un documental del programa Brandpunt, de la televisión pública holandesa, que coincide con el regreso a la sala de las obras que pudo llevarse: “Vista del mar desde Scheveningen” y “Feligreses saliendo de la iglesia calvinista de Nuenen”.

Las obras que forman parte de una etapa crucial para el desarrollo como pintor del maestro postimpresionista, Vincent Van Gogh, acabaron en manos de la mafia italiana, que acumula arte para sus pagos internos, y el año pasado fueron recuperadas por la Guardia di Finanza italiana.

La confesión no tiene consecuencias legales para Durham, quien fue condenado en 2004 y cumplió poco más de 25 meses en prisión, pero da a conocer  el largo viaje de las pinturas y su rescate, así como el cruce entre el robo de arte y el crimen organizado.

“El robo tomó unos 3 minutos y 40 segundos. Cuando terminé, la policía estaba allí, y yo pasé enfrente conduciendo el auto con el que escapé. Me quité la máscara de esquí, bajé la ventana y los observé. Podía oírlos en mi escáner policial. No sabían que era yo”, indicó Durham en el documental.

Las obras tienen un valor incalculable porque nunca han estado en el mercado: “Vista del mar en Scheveningen” (1882) es uno de los dos paisajes marinos que Van Gogh pintó durante los años que pasó en los Países Bajos, y “Congregación saliendo de la iglesia reformada en Nuenen” (1882-84), en la que se ve la iglesia donde el padre del artista era pastor, fue un regalo que el pintor le hizo a su madre.

“Están de vuelta. No creí que volviéramos a verlas, porque el 7 de diciembre de 2002 fue el día más negro de la historia del museo”, puntualizó Axel Rüger, director del museo holandés.

“Para los ladrones, estos cuadros han sido sólo dinero en efectivo para un billete a Ibiza o a Disneylandia”, cuestionó Jet Bussemaker, ministra saliente de Cultura de Holanda.

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