La historia de un sobreviviente del pinche "huracán Pantitlán"

Karina EspinozaJueves, 31 de agosto de 2017 15:29

shares
Noticias inundaciones en el metro

Vivir lo cotidiano entre Nezahualcóyotl y la CDMX puso a Mario Flores a competir contra el caos y las aguas profundas de Pantitlán, y como era de esperarse: el hombre perdió ante la mala planeación de la ciudad, la histeria colectiva y uno que otro bestia.

En este caso, el capítulo de la tragicomedia que le sucedió a Mario no tuvo espectadores, pero sí un millón 320 mil 750 de coprotagonistas, esos que diario se trasladan del Estado de México a la ciudad para trabajar o estudiar.

La historia es conocida por muchos:

Mario hace todos los días una hora y quince minutos de su casa en Nezahualcóyotl a su trabajo en la Roma Norte. Ayer, cuando salió a las 7:45 para llegar puntual a las 9:00 a.m. no se esperó que intentar volver a casa lo convertiría en un sobreviviente del «huracán Pantitlán».

Aunque su hora de salida es a las seis de la tarde, ayer espero que dieran las 8:30 de la noche para «evitar» el tráfico usual después de una tarde de lluvia. Oh, querido Mario, ¡qué ingenuo fuiste!

Nadie le avisó que desde la estación del Metro Hangares sería imposible avanzar.

— ¡Ni modo mano, está inundado!

Y ya no se trató sólo de transportarse, el asunto se volvió casi de vida o muerte.



Las combis que llegan al paradero del Metro Pantitlán de plano no daban una y las filas crecían y crecían. Ah pero eso sí, las pocas que circulaban cobraran 10 pesos (cuando regularmente cobran ocho, y las "directas" de a 15). Nadie le decía nada a Mario ni a todos los que caminaban de a tramos esperando que los recogiera un microbús, o la Virgencita en su sagrado manto.

«Consíguete un micro», le pidió el pasaje a los cobradores que organizan todo en el paradero, pero las plegarias no fueron atendidas.

«Nosotros no manejamos micros, gente», contestó un cacharpo.

Ni Seguridad Pública ni Protección Civil aparecieron, como en otras zonas. En asfalto inundado de nadie, los cobradores son reyes. Y eso explica por qué Mario tardó casi una hora en poder subirse a una combi. Ya arriba, con el alma de vuelta al cuerpo, pensó que podría ver el inicio del caos, «¿fue un choque?, ¿se inundó tan cabrón?». La mala iluminación de las calles poco permitieron ver, pero el muro de la Avenida 7 explicó el atorón. Ni para atrás ni para adelante.




Después de un par de horas más de aguantar en la combi y de caminar, por fin llegó a casa. «Un día más de sobrevivencia», pensó. Y con esa satisfacción y tranquilidad se fue a dormir. No sabía de la pesadilla que le esperaba al despertar.

7:30 y Mario ya estaba fuera de su casa de nuevo, 15 minutos antes por si las dudas.

«Cuando llegué al paradero había partes inundadas, donde simplemente la combi no iba a pasar, se iba a ahogar». Relata Mario a Cultura Colectiva Noticias.

Desde la Avenida 7 hasta Metro Pantitlán estaba la circulación parada. Los de las combis decían «hasta aquí llego». Empezaron a bajar a la gente para que siguiera su camino. Pero eso sí, primero cobraban. No hubo ni Ubers que valieran, todos los conductores cancelaban los viajes.

La peregrinación hasta el Metro fue masiva:


Mario llegó a su trabajo a tiempo, aunque tuvo que caminar 30 minutos para llegar al Metro. Espera que hoy en la noche su suerte mejore y la peregrinación no sea en alabanza al dios de la lluvia, las inundaciones y los parones de transporte.

ETIQUETAS: cdmx Transporte Público
REFERENCIAS:
Karina Espinoza Karina Espinoza Periodista

Comunicóloga. Escribo y edito. Clavada del arte, la estética y el género. Marguerite Yourcenar y Julia Kristeva son mis superhéroes favoritos.

COMENTARIOS