Es real, la salud mental de esta generación fue dañada por los smartphones

Cultura ColectivaMiércoles, 22 de noviembre de 2017 13:22

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Un estudio de la Universidad de San Diego comprobó que el uso de smartphones está dañando la salud mental de nuestra generación.

Según datos del Foro Económico Mundial, en cinco años —del 2010 al 2015—, la cantidad de adolescentes con signos de depresión aumentó en 33 por ciento, según las encuestas nacionales. Los intentos de suicidio también se elevaron en 23 por ciento, y los suicidios efectivos entre jóvenes de 13 y 18 años, se disparó 31 por ciento.


Pero, ¿qué empezó a ir mal? Según un artículo publicado en la Psychological Science, hecho por Jean M. Twenge, Thomas Joiner y Megan Rogers, de la Universidad de San Diego, se encontró que el aumento en la depresión, intentos de suicidio y el suicidio tenían una constante: el aumento del uso de smartphones.


Los estudios se consolidaron cuando al hacer el cruce de problemáticas de raza y etnia, economía y privilegios sociales, se encontró que la depresión es una suma de muchos factores pero que lo determinante sí está en la identificación de la iGen, la generación que nació después de 1995, y que presenta problemas muy específicos de salud mental.


Para 2015, el 73 por ciento de los estadounidenses tenía smartphone. (Fuente: Pixabay)


«Todos los signos apuntan a la pantalla», dice el análisis que comparó las estadísticas de un periodo de crecimiento económico constante y baja de desempleo (Estados Unidos), así que el malestar económico fue improbable; no porque no exista la desigualdad, sino porque es un problema que no se originó en 2010 y porque la brecha de diferencia económica es una tarea que no atañe directamente a los adolescentes con este rango de edad.


También se descartó la presión académica como causa principal, pues se comprobó que el promedio que los estudiantes le dedican a las tareas no cambió en ese mismo periodo.


En cambio, la constante que permaneció fue la adquisición de teléfonos inteligentes que superó el 50 por ciento del total de la población en Estados Unidos y que para 2015 ya estaba en el 73 por ciento de cobertura con acceso a banda ancha.


La medición no es escueta, ni estos factores aumentaron separadamente, se comprobó que los adolescentes que pasaron más de cinco horas diarias en línea tuvieron más problemas de salud mental, el dato: 71 por ciento más probabilidades de pensar en suicidarse que aquellos que sólo pasaron una hora al día pegados al teléfono.


La depresión es poco reconocida socialmente como enfermedad. (Fuente: Pixabay)


Hay un patrón atípico: pasar tiempo en línea causa depresión y la depresión lleve a estar más tiempo en línea. Pero es posible. Aunque otros tres estudios descubrieron que pasar más tiempo en línea provoca depresión pero la infelicidad o insatisfacción no lleva a un mayor uso de las redes sociales.


Aunque el análisis tiene sus bemoles, pues no explica por qué la depresión aumentó repentinamente y si eso los llevó a comprar teléfonos. No hay lógica bajo estos parámetros pero sí por el consumismo, que es una arista poco analizada bajo ese ángulo.

Según el autor, Jean Twenge, si el tiempo en línea no daña la salud mental directamente, puede hacerlo de manera indirecta pues interfiere con el tiempo para otras actividades.


Twenge también afirma que mientras realizaba la investigación para su libro iGen, comprobó que muchos adolescentes pasan más tiempo en línea que con sus amigos, interactuando en persona cara a cara, que se ha comprobado es una de las fuentes más grandes de la felicidad humana. Lo mismo abona no dormir por mirar el teléfono, una práctica común y factor de riesgo importante para la depresión.


La depresión y el suicidio tienen muchas causas, tantas como personas que lo piensan hacer o lo hacen. Incluso hay pruebas de disposición genética, pero también es cierto que habría maneras de aminorar las estadísticas si la salud mental se entendiera como tal: enfermedades, y no como una desventaja de voluntades, menos si a la invisibilidad se le agrega la vulnerabilidad de la pantalla.


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