Las clínicas de la esperanza que rescatan a mujeres violadas, golpeadas y moribundas en África

Fernando CastilloJueves, 23 de noviembre de 2017 17:16

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Por cuestiones culturales en el Congo, toda mujer que sea violada es desechada, golpeada y abandonada por sus maridos.

La República Democrática del Congo es uno de los países con los índices más altos de violaciones en el mundo, según datos del Human Rights Watch. Incluso, es un tema arraigado en la sociedad congoleña, pues ven como una especie de competencia de dominación machista, lo que quiere decir que a través de la violencia sexual un hombre pretende demostrarle a otro que tiene más poder que él. En promedio es de 10 mil mujeres son violadas al año.


Esta superstición local apunta que, entre hombres, una mujer violada significa que está «marcada por el hombre rival». Ante esto, el marido de la mujer violada debe expulsarla sino quiere ser señalado por la sociedad como un hombre débil y cobarde.


El Congo es uno de los peores países para las mujeres en donde vivir. (Foto: AFP)


La trifulca social generalizada en el Congo no sólo afecta a las mujeres, sino también a los hombres, animales, y niños; todo gracias al anarquismo que ejerce el ejército Nacional y las fuerzas armadas rebeldes, quienes también se encargan de boicotear los servicios básicos como el sector salud, generando un caos a nivel nacional sin precedentes.


Sin embargo, ante la escalada de violencia que parece no tener fin, están surgiendo, a la vez, organizaciones altruistas internacionales que auxilian a la población ante la alarma de violencia sexual, como Heal Africa.


En promedio 48 mujeres son agredidas sexualmente a diario. (Foto: UN)


¿Qué es Heal Africa?

Se trata de colectivo médico especializado que ha tratado a más de 40 mil pacientes, en su mayoría mujeres, para atender sus lesiones de parto, violencia física y sexual. Esta iniciativa fue fundada por Jonathan Lusi y su fallecida esposa británica Lyn Mitte en la década de los noventa.


«Me sumo en la consternación al reflexionar sobre el rumbo que está tomando mi país y como el resto del mundo se hace de la vista gorda y no hace nada por ayudar al Congo y a sus mujeres», dijo a El País, el doctor Lusi.


Lusi asegura que además de médico, se está volviendo experto en derechos humanos ya que se ha puesto a estudiar la constitución de su país.


«No se menciona nada que tenga el concepto de Derechos Humanos. Llevo más de 10 años remendando el producto del desprecio a la dignidad femenina, la integridad y los derechos humanos de las minorías en este país».


El doctor Lusi trabaja con una sonrisa a pesar de la barbarie a su alrededor. (Foto: Heal Africa)


Relató que lo que ha observado en su mesa de operaciones no sólo son orgasmos sexuales, sino cañones de fusiles, palos de escoba y ballonetas que denotan la incontinencia y la violencia sexual del Congo. Ante esto, Lusi no pierde la esperanza y recibe a sus pacientes con una grata y cálida sonrisa que haga olvidar las miserias que viven las mujeres a las que llama damas. «Sin las mujeres este país no sería nada», aseguró.


Misoginia, psicología y violencia

Claudine, una joven congoleña paciente de Heal Africa, duerme en las instalaciones de Lusi, después de ser asaltada y violada en un mercado, y posteriormente abandonada en la calle por su marido. Ella comparte la habitación con otras víctimas que tienen fisuras en el recto o con las vaginas hechas trizas, sin embargo, intentan olvidar su entorno cuidando a su bebé, el hijo de un hombre que la corrió de su casa.


«Él (su marido) me amenazó con matarme ya que dijo que por mi culpa su honor está arruinado y que los vecinos lo veían como un hombre débil», dijo consternada.


Claudine de 23 años cuida de su bebé en la cínica de Heal Africa. (Foto: El País)


Claudine llegó a la clínica de Lusi con el útero, vejiga y vagina agujerados sin mencionar la golpiza que recibió por parte de su marido al echarla de su casa.


«Gracias a la fortaleza física y la juventud de Caludine pudimos hacer una intervención quirúrgica exitosa», explicó Lusi, quien cuida de Claudine y su hijo.

 

Michael Vweya, el psicólogo de Heal Africa, colabora con Lusi desde hace poco.


«Mi trabajo es ocuparme de los trastornos psicológicos, depresiones, pérdidas de personalidad, ataques de pánico para aliviar y recuperar la sensación de las mujeres de estar en un lugar seguro», explicó diciendo que diario recibe entre 8 y 10 intensas sesiones.


Decenas de mujeres viven en condiciones deplorables para mantener a sus hijos. (Foto: HRW)


Explica que para ellas es importante contar y desahogar las penas sufridas como un consuelo: «El peor caso que vi, fue el de una mujer en mi pueblo que violaron y operaron seis veces. Al final gritaba y mordía a cualquiera que se le acercase, perdió la razón».


Activismo social

Una parte fundamental de Heal Africa es la que maneja Michelle Kabuya, una influyente abogada que se encarga de la parte legal de la organización a favor de los derechos humanos de las mujeres. Tiene contactos en las altas esferas gubernamentales del Congo y maneja el plan de acción gubernamental contra la violencia sexual, sin mencionar que es miembro del Programa Nacional de la ONU por lo que adquiere inmunidad diplomática.


Escoltada por cascos azules de la ONU, Kabuya visita comunidades en todo el Congo donde dialoga con los líderes ancianos y jefes de tribus y comunidades y coordinar un plan de prevención de violencia contra el ejército nacional que perpetra las violaciones masivas.


Las condiciones en las que viven las mujeres violadas son precarias. (Foto: UNICEF)


«Son casos horribles, en algunas tribus eligen a niños que están destinados a formar parte de las fuerzas armadas o rebeldes y les obligan a violar a una mujer con toda la fuerza de su virilidad, sino deben elegir entre matar o que los maten», explicó Kabuya.

 

El máximo logro de Kabuya fue encarcelar a 82 hombres acusados de violar a 70 mujeres y recibieron cadena perpetua por un juzgado internacional. Todos eran soldados.


Actualmente Heal Africa ayuda a otras clínicas que intentan controlar la epidemia de las violaciones para sobrevivir. «Tenemos que renovar edificios, conseguir equipo médico adecuado, mejorar las instalaciones sanitarias, entre otras cosas», dijo Lusi asegurando que la saturación en este tipo de clínicas es del 160 % y las donaciones que llegan anualmente son escasas.


Y ahora muchas mujeres violadas dependen al cien por ciento de Heal Africa, mujeres que no tienen dinero ni ánimo de salir a buscar un futuro para ellas y sus hijos, que son producto de violaciones, considerados engendros del mal por la supersticiosa sociedad congoleña. A pesar de todo, Claudine y otras mujeres se sienten aliviadas por el amor a sus propios hijos. 


Niños son obligados a violar mujeres para demostrar su virilidad (Foto: DW)


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Fernando Castillo Fernando Castillo articulista internacional

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