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Epidemia de heroína en Estados Unidos: la muerte en una jeringa


“Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes heroína?”

Es como un reptil o un artrópodo que trepa por el brazo. Y cuando el ciempiés o las hormigas terminan su recorrido, existo. Empiezo a recordar lo bueno que es vivir, a caer en cuenta de que tengo extremidades. Sólo entonces soy una persona, una deidad, un mausoleo. Después soy ruinas.

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No recuerdo cómo fue que se nos metió a las casas y al vecindario, pero de pronto todos hablaban de ella. Primero la buscaban curiosos, después desesperados. Esqueletos al asecho de un sobre con polvo blanco, reciclando jeringas alrededor de una fogata improvisada y breve.

En mi barrio no escasean los cadáveres pinchados, parecen salir de las coladeras o de abajo de los automóviles. Han intentado venir a desterrarnos de las comunas que hemos conquistado. Lo último que leí al respecto, tenía quizás una semana de consumir la sustancia, rezaba que las muertes por abuso de drogas habían despuntado desde 2010.

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Un compañero que llevaba limpio un par de horas nos leyó un periódico arrugado: tan sólo el año pasado se reportaron 937 fallecidos y en este último año ( “que recuerdo haber recibido limpio”) aumentaron en un 20 %. En la Gran Manzana mueren 14 adictos por cada 100 mil habitantes.

Lo leía consternado, trémulo: según el Reporte de Drogas de las Naciones Unidas 2016, el número de consumidores de heroína en Estados Unidos fue de un millón en 2014 y las muertes relacionadas con ella habían aumentado cinco veces desde el 2000. 

Seis de cada diez muertes por sobredosis le pertenecen: es más fácil morir de sobredosis que en un accidente de tráfico.

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Sospecho que temía ser la próxima víctima. Pero no, una hora después sumergía una jeringa en su piel amarillenta.

Recuerdo cuando pedí mi primer calmante en la farmacia, fue algo realmente bueno. No me podía conformar con algo así, quería más. 

Cuando la heroína llega al cerebro se transforma en morfina y por eso los adictos se empiezan a aficionar usando calmantes como el “Fentanyl”, 100 veces más fuerte que la morfina.

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Preocupados por el incremento descabellado de muertes por sobredosis de este tipo de opioides farmacéuticos, las autoridades norteamericanas comenzaron a penalizar su distribución, sin importar que fuera legal o no. Este fue el primer paso que abrió las fronteras a la importación de heroína mexicana.

El periodista Don Winslow explica en "Esquire" que otra puerta se liberó  cuando legalizaron la mariguana en diferentes estados norteamericanos: cárteles como el de Sinaloa empezaron a sufrir pérdidas y decidieron competir con las empresas farmacéuticas que producían medicamentos como "Fentanyl".

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Comenzaron por incrementar alrededor de 70 % la producción de heroína en campos mexicanos, además de asegurarse de mejorar la pureza: contrataron cocineros colombianos que podían igualar la pureza de los productos asiáticos hasta alcanzar un 90 %.

Finalmente bajaron los precios para arrancar y posicionar su mercado. Hace algunos años el kilo de heroína alcanzaba los 200 mil dólares en Nueva York, después bajó considerablemente hasta los 80 mil y hoy ya cuesta 50 mil. Una dosis cuesta entre cinco y diez dólares, cuenta Winslow.

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“El comerciante de chatarra no vende su producto al consumidor, vende al consumidor a su producto. Él no mejora y simplifica su mercancía. Él degrada y simplifica al cliente. "

El cuarto es minúsculo y sombrío. La intención de parchar todas las ventanas y clausurar cualquier entrada de resplandor no tiene el objetivo de construir un ambiente lúgubre. Queremos evitar que la luz laberíntica interrumpa el recorrido, frene el goce o delimite las experiencias sensoriales, que no son pocas.

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Ser adicto implica un gran esfuerzo, es un trabajo que toma meses, no se logra de la noche a la mañana. Las últimas dosis que conseguimos llegaron poderosas, omniscientes. Jamás esperé sentir tantos reptiles, tantas tarántulas y tantas hormigas juntas.

Ese abaratamiento y el incremento de la pureza fueron la causa directa del aumento de las muertes, duplicadas en los últimos 14 años. Durante 2014 se presentó un récord de muertes por sobredosis (47 mil), alrededor de 125 personas al día: niveles epidémicos.

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Por primera vez desde la Guerra de Vietnam, en Estados Unidos la esperanza de vida disminuyó para la población blanca: los blancos entre 25 y 34 años que murieron por una sobredosis en 2014 sumaron cinco veces más que los decesos en 1999.

La epidemia tiene tales alcances que durante una cumbre sobre consumo de drogas en Atlanta, el Presidente estadounidense Barack Obama solicitó 1.3 mil millones de dólares para tomar medidas y frenarla.

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La morfina es nuestra patria, nos pertenece y le pertenecemos: habremos de honrarla. A veces no es bueno creer todo lo que dicen los periódicos. Yo llevo con esto meses y todavía no pierdo ningún diente, todavía tengo espacios disponibles en la piel para pincharme. 

Soporto todo menos la agonía de dejarla. Ya he visto suficientes veces cómo se retuercen y suplican por una dosis o que los maten "de una vez"... elijo todo menos eso. 

“Durante el período de carencia, el adicto es sensiblemente consciente de su entorno. Las impresiones se intensifican hasta llegar a convertirse en alucinaciones. Los objetos familiares parecen agitarse con una vida furtiva y temblorosa". 

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*Fuentes: El País, Esquire, Sydney Morning Herald. 


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Etiquetas:adicciones
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