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Encuentran canicas de Ana Frank

Poco antes de que Anna Frank y su familia se escondieran de los nazis, la niña regaló algunos de sus juguetes a una amiga no judía que vivía en el vecindario.

El Museo Casa de Anna Frank informó que los juguetes han sido recuperados y que el juego de canicas de la niña se exhibió el miércoles en la galería de arte Kunsthan en Rotterdam.

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La vecina, Toosje Kupers, guardó las canicas junto con un juego de té y un libro. Recién el año pasado cuando se mudó Kupers, hoy de 83 años, se le ocurrió mencionar las canicas al museo.

La mujer dijo a la emisora nacional holandesa NOS que no consideraba las canicas nada especial. Dijo que poco antes de que la familia Frank se fuera del vecindario, Merwedeplein, Anna le pidió un favor.

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"Me preocupan mis canicas porque temo que caigan en malas manos", le dijo Anna. "¿Podrías guardármelas por un tiempo?"

Anna y Toosje, que solían jugar juntas en sus casas y en la plaza, no podían sospechar de que aquella no regresaría nunca, dijo Teresien da Silva, directora de colecciones del museo.

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El 6 de julio de 1942, unos dos años después del comienzo de la ocupación nazi de Holanda en la Segunda Guerra Mundial, la familia Frank se refugió en un departamento oculto en los altos de un depósito. Dijeron a todos, excepto a un círculo reducido de gente de confianza, que se irían con su familia en Suiza. Los Kupers también se encargaron del gato Moortje, de Anna, en ese entonces. Pero en agosto de 1944 la familia Frank fue traicionada, arrestada y deportada.

En 2014, Ana cumpliría 85 años, pero su historia no pudo continuar. Sin embargo, su testimonio quedó plasmado desde una tarde de 1942, cuando, viviendo en el escondite, se dedicó a realizar apuntes en su diario, escribir cuentos cortos y recopilar frases de otros escritores en un cuaderno, pues deseaba que después de la guerra su diario se publicara en forma de novela.

Ana fue descubierta, junto con su familia, el 4 de agosto de 1944. Después de ser separada de sus padres y llevada, primero, al campo de tránsito de Westerbork y luego a Auschwitz, Ana murió de tifus en 1945. El único sobreviviente de la familia fue su padre, quien, ya en libertad, publicó el diario de su hija el 25 de junio de 1947; desde entonces Ana Frank se convirtió en la voz de millones de niños quienes murieron durante el holocausto nazi.

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"Mucha gente llegó a conocer a Anna Frank gracias al diario, que fue escrito en circunstancias inusuales", dijo Da Silva. "Pero las canicas son un recordatorio de que solo era una niñita".

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