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El zorro es más sabio, de Monterroso a Rulfo

En un muy breve ensayo incluido en La palabra mágica, Augusto Monterroso recomienda acercarse a las fábulas “con precaución, como a cualquier cosa pequeña. Pero sin miedo. Aspi, finalmente se descubrirá que ninguna fábula es dañina, excepto cuando alcanza a verse en ella alguna enseñanza. Esto es malo”.

Monterroso es considerado uno de los maestros de la minificción y, de forma breve, aborda temáticas complejas y fascinantes con una provocadora visión del mundo en el universo. Sus minificciones cumplen con los elementos que debe tener todo cuento: personaje, nudo y desenlace para que en pocas palabras la pequeña historia genere cuestionamientos acerca de la vida, la realidad y su propia interpretación del mundo. Pero además de sus minificciones, el escritor guatemalteco escribió cuentos más extensos, ensayos y crítica literaria.

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Una de estas historias fue la que escribió a su amigo Juan Rulfo, que resulta una pequeña fábula a la que se debe acercar sin miedo. "El zorro es más sabio" es el texto que cierra el libro La oveja negra y demás fábulas (1969), del escritor guatemalteco. Según cuenta Enrique Vila-Matas, en Bartleby y compañía (2000), el protagonista de la fábula no es otro que el escritor mexicano Juan Rulfo, amigo de Monterroso y esta es la fábula que el trabajo de Rulfo inspiró en Augusto:


Un día que el Zorro estaba muy aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto o lo otro y nunca lo hacen.

Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.

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El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aun escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro.

Desde ese momento el Zorro se dio con razón por satisfecho, y pasaron los años y no publicaba otra cosa.

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Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir “¿Qué pasa con el Zorro?”, y cuando lo encontraban en los cocteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.       

-Pero si ya he publicado dos libros -respondía él con cansancio.

-Y muy buenos -le contestaban-; por eso mismo tiene usted que publicar otro.

El Zorro no lo decía, pero pensaba: “En realidad lo que estos quieren es que publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer”.

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Y no lo hizo.

A partir de la publicación de los dos primeros títulos, el prestigio literario de Rulfo perduraría por siempre; la obra es reconocida y estudiada en México y el extranjero. El llano en llamas y Pedro Páramo fueron las líneas que le dieron fama y lo posicionaron como uno de los mejores escritores mexicanos.

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