Bajos salarios y rentas muy caras: la imposibilidad de mudarte de casa de tus padres

Ernesto SantillanMiércoles, 7 de septiembre de 2016 12:45

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Abandonar la casa de tus padres, buscar un lugar para vivir solo y ejercer tu independencia es una travesía por la que casi todos nos vemos obligados a pasar.

Para algunos, la aventura llega en la juventud, para otros, el camino se torna más complicado y es posible que nunca lo logren o ni siquiera tengan las ganas o la necesidad de intentarlo.


Las responsabilidades de las nuevas generaciones se han ido aplazando conforme la esperanza de vida ha aumentado. Para nuestros abuelos, tener 18 años implicaba ya ser un adulto y cumplir con todas las obligaciones que la palabra conlleva.

Ahora, llegar a la mayoría de edad es un trámite más que, simple y sencillamente, otorga los beneficios de la adultez pero no necesariamente los compromisos.

Para los latinoamericanos, la cultura de permanecer por un mayor periodo de tiempo en la casa de sus padres es algo común. A diferencia de países como Estados Unidos o Europa donde al llegar a la universidad, cada persona toma su rumbo y empieza a abrirse camino por la vida con sus propios medios.


Sin embargo, las dificultades para salir del nido no son siempre culpa de los jóvenes, especialmente cuando hablamos de los habitantes de la Ciudad de México.

De acuerdo con los datos más recientes de la Sociedad Hipotecaria Federal (SHF), el costo de una vivienda en la capital del país es dos veces más cara que en cualquier otro estado de la República.

La situación en cuanto al alquiler no es distinta. La SHF, aseguró que hasta el mes de junio pasado, la Ciudad de México era la sexta urbe más cara del mundo para rentar una casa o departamento en relación con el ingreso promedio.


Así pasamos a los temas que de verdad complican las cosas: los salarios y el empleo.  

El acceso al mercado laboral en México se hace cada vez más complejo debido a una demanda más exigente y a la precariedad de los empleos, dejando a muchas personas sin la posibilidad de un desarrollo productivo y profesional acorde con sus capacidades.

En México sí hay empleo, pero estos son de una calidad que está por debajo de las expectativas y necesidades de los jóvenes; son trabajos que no les satisfacen y que no les permiten desarrollar sus planes de vida y carrera.

El conflicto radica en que los trabajos a los que tienen acceso son de una pésima calidad, lo que les imposibilita llevar una vida digna e independiente.


De acuerdo con los datos presentados por la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2016, durante el primer trimestre del año en curso, 2 millones 495 mil jóvenes de entre 15 y 29 años, desistieron o no buscaron empleo por considerar que no tienen posibilidades de acceder a dicha responsabilidad.

Aunado a esto, el aumento del empleo informal, es un aspecto que vulnera gravemente a los jóvenes, ya que el 61.1 % de las personas que laboran en estas condiciones, reciben salarios más bajos, no tienen prestaciones y no cuentan con un salario fijo y seguro, lo que les dificulta ahorrar o poder invertir a futuro.


A este ritmo, serán pocos los jóvenes capitalinos que puedan independizarse a una temprana edad. Ya que, a pesar de haber concluido sus estudios de licenciatura o incluso contar con un empleo, las remuneraciones por su esfuerzo son tan limitadas que no pueden romper con el cordón umbilical que los mantiene atados a la casa de sus padres.

Si a estas condiciones les agregamos que la CDMX es una de las urbes más caras del mundo para poder rentar o comprar una vivienda, los jóvenes tendremos que resignar a tener treinta años y seguir viviendo en la casa de nuestros padres.  


*Con información de: Sin Embargo





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