El arte callejero de Oaxaca se está volviendo un movimiento revolucionario contra el absolutismo

Regina MendozaSábado, 1 de abril de 2017 2:11

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Las calles oaxaqueñas se están llenando de insignias revolucionaras que arremeten contra el sistema, contra las normas preestablecidas y contra la concepción cultural que el mundo se ha aferrado a sostener. El arte urbano de Oaxaca ha tomado el papel de contracultura y los artistas, animales nocturnos, sigilosos y anónimos están tomando las avenidas y muros inmaculados como lienzos para manifestarse contra la dominación.

Siqueiros con gorra de rapero; mujeres con el rostro pintado de Catrinas, la muerte femenina; zapatistas enmascaradas o indígenas cargando herramientas de labranza. Reviven el arte que dejó de provocar hace tiempo, inmersos en una era donde sólo las ilustraciones digitales, las obras contemporáneas expuestas en Zona MACO y los Oroxxo son capaces de hacer un punto dentro del (cualquier) sistema.

Sin embargo, los medios nacionales no le han dedicado ni una página a los artistas que empiezan a marcar tendencias en el arte contestatario. Al Jazeera, en cambio (y por citar el ejemplo más significativo de la importancia que le dan los medios internacionales a este tipo de manifestaciones culturales), explica que los oaxaqueños presencian el "renacimiento" de grabados políticos.

 

La Asamblea de Artistas Revolucionarios de Oaxaca (ASARO), que se reúne en la imprenta Espacia Zapata, tomaron las calles una noche, ilegalmente, plasmando o pegando obras de arte con mensajes políticos o sociales en algunos muros de la ciudad capital, una región en donde dibujar insignias no "preestablecidas" de cualquier tipo convierte a los artistas en delincuentes.

Uno de los miembros de ASARO, Mario Guzmán, dijo para el medio árabe que su arte "confronta" y es subversiva, ya que reúne elementos sociales y muchas veces da un mensaje político. En general, esa es la misión de un colectivo, "proveer de un comentario alternativo en vez de la narrativa predominante, dirigida por el Estado y que calla a la disidencia violentamente".

El lugar en donde trabajan es una de las decenas de casas de arte, imprentas o espacios culturales que han abierto sus puertas en Oaxaca para todos los artistas que quieren decir algo más pero que nadie se los ha permitido. La mayoría de los espacios forman parte de colectivos independientes artísticos y son financiados por ellos mismos.


 

 

Todos juntos, sentencia Al Jazeera, representan "el renacimiento" de un movimiento alternativo radical, grabados populares y políticos que simbolizan la continuación de una larga tradición en México que empezó "antes de la revolución y tomó renombre alrededor del mundo" a través de nuestros artistas emblemáticos como Diego Rivera o José Guadalupe Posada.

Actualmente, Francisco Toledo, artista oaxaqueño, pone en alto el nombre del resto de los artistas del estado y desde hace años se ha encargado de plasmar en su obra mensajes políticos y sociales, además de encabezar manifestaciones y expresar su repudio a las políticas que le quitan derechos a los pueblos originarios de Oaxaca y de otros estados de la República. 

Es así como la entidad se está posicionado como la pionera en este tipo de arte revolucionario y contracultura, con la esperanza de que en otras regiones se adopten este tipo de manifestaciones culturales y artísticas que reúnen a un estrato social "exiliado" y lo encaminan hacia un mismo fin.

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